TCA

MI TCA (I): EL PRINCIPIO

¡Buenos días, panal! Ya estoy un día más aquí y como lo prometido es deuda, aquí os traigo el primer post de unos cuantos (porque ya sabéis que yo me enrollo como las persianas) sobre lo que me ha pasado.

Antes de empezar, quiero aclarar tres cosas:

  1. Esto no ha pasado en el periodo de tiempo que estuve sin subir nada por aquí. Es algo que llevo arrastrando bastantes años diría yo, pero ha llegado a su “punto más alto” este último año. Tanto que me incapacitó para hacer cualquier cosa. Cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa, hacedme caso. Más adelante os contaré.
  2. TRIGGER WARNING. Si no sabéis qué es exactamente os dejo aquí un enlace, pero básicamente lo que quiero decir es que estos posts tienen contenido que puede afectar a personas que estén pasando por algo similar.
  3. Me tomo las cosas con humor y me gusta bromear, pero esto no quiere decir que no sea un tema serio. Lo he pasado mal, muy mal. He llorado mucho y lo sigo haciendo, por supuesto que sí. Llorar no es nada malo, pero que no sea lo único que hagas en esta vida.

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Bueno y una cuarta cosa, que más que una aclaración es una recomendación. Aunque divida esto en varias partes, serán largas, así que, ¡coged un buen vaso de agua y algo de comer!

¿QUÉ ME HA PASADO? ¿QUÉ ME ESTÁ PASANDO?

He pasado por un TCA. Concretamente por una especie de ortorexia y anorexia. Aunque tampoco lo sé con exactitud. No me gusta poner etiquetas, pero creo que aquí sí que es necesario. No por mi, porque a mi me da igual llamarlo X o Y, pero sí por si le puede ayudar a otras personas.

Tampoco sé hasta qué punto es “he pasado” y no “estoy pasando”. No creo que esté recuperada, y tampoco sé si de esto te llegas a recuperar como tal porque creo que la vocecilla del TCA siempre te acompaña (o demonio de mierda, como lo llama mi psicóloga).

¿Tengo que aprender a silenciarla o a no escucharla? ¿O simplemente tengo que escucharme a mí misma? Son muchas preguntas que ahora mismo no podría contestar, pero que quiero llegar a contestarlas en algún momento.

Escribo esto por aquí por si puedo ayudar a alguien, y también a modo de recuerdo. También escribiré mi recuperación, lo que llevo y lo que me queda. Así que os iré contando y respondiendo a las dudas existenciales que me surjan por el camino.

¿CÓMO VOY A ORGANIZAR ESTOS POSTS?

En este post os voy a contar un poco (jajajaja) la historia de mi vida a modo de introducción y el principio de todo, más o menos hasta junio del 2018. En el siguiente os contaré el auge de mi TCA, que va desde junio hasta noviembre-diciembre del 2018. Y en el último post os contaré el principio de mi recuperación, que bajo mi punto de vista fue la peor parte y donde peor lo pasé.

En los siguientes posts iré contando mi proceso de recuperación. Tengo entendido que es una recuperación bastante larga, pero tengo muchas ganas de recuperarme y de no recaer.

ANTES DE EMPEZAR 2.0

A lo mejor me dejo bastantes cosas en el tintero, porque realmente esto ha sido muy complejo. Y no es porque se me olviden, es porque poco a poco me voy dando cuenta de más cosas. De cosas que formaban parte del TCA, pero que yo no me daba cuenta.

Ahora mismo estoy en proceso de “conocer mi TCA”. Reconocerlo ya lo reconocí hace relativamente poco, ahora toca conocerlo. ¿Para qué? ¿Para torturarme? No.

Considero importante conocer mi TCA para no volver a repetirlo. Para saber cuáles son mis puntos débiles y reforzarlos. Está claro que mi TCA no me define como persona, pero tengo que aprender a convivir con él, o más bien, con mi tendencia a tenerlo.

Al fin y al cabo todo el mundo tiene problemas, ¿no?

LO ÚNICO QUE OS PIDO

Esto lo repetiré varias veces a lo largo del post, pero no me cansaré nunca de hacerlo.

Os pido por favor que tengáis un poco de empatía. Sé que es complicado tenerla cuando no has vivido por algo así. Desde fuera puede parecer egoísmo puro (y muchas veces os quedaréis en plan de “¿qué narices le pasaba a esta chica?”), pero os aseguro que no es así.

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Tampoco os deseo que paséis por algo así para poder entenderlo. Prefiero que no lo entendáis.

UN POCO DE HISTORIA

Me voy a remontar a cuando era pequeña. No me voy a entretener mucho en esto (no me lo creo ni yo) porque no merece la pena. Son cosas que sí que le cuento con detalle a la psicóloga, pero aquí no ayudarían a nadie. Y yo solo publico esto para ayudar.

Lo he pasado mal de pequeña, sí. Nunca he sido una niña con una gran autoestima. De pequeña, cuando iba al colegio, era una niña rellena. No tenía un sobrepeso muy marcado, pero sí que me “sobraban” unos kilos.

El verano de primero de la ESO crecí y pegué el famoso estirón. Con ese estirón, adelgacé.  Además, empecé a hacer ejercicio porque me gustaba. Fui a batuka, después a zumba, luego a una especie de Pilates… Me gustaba mucho bailar. También empecé a tomar conciencia sobre mi alimentación. No hacía ninguna locura y jamás se me ocurrió dejar de comer o hacer una dieta milagro. En mi casa siempre se ha comido bastante sano.

Mi cuerpo cambió de una manera increíble. Dejé de tener un cuerpo de niña para tener un cuerpo de mujer. Me sentía muy feliz con mi nuevo cuerpo, y muy feliz con mis hábitos de vida saludable. Sabía comer comida sana, pero a la vez disfrutar de comida no tan sana.

Me sentía tan bien con mi cuerpo que empecé a subir fotos “raras” a Tuenti y a Twitter.

¿QUÉ SON FOTOS “RARAS”?

Con fotos raras me refiero a fotos en ropa interior. Ahora mismo no me acuerdo exactamente qué tipo de fotos eran, pero sí que recuerdo tener a más de medio instituto en mi contra, llamándome de todo por los pasillos.

Al principio eran los típicos comentarios/insultos que puede recibir una niña de 14-15 años que sube fotos “semidesnuda” a una red social: guarra, zorra, puta, etc.

No digo que una niña/niño que haga algo así deba recibir ese tipo de acoso. Tampoco digo que ahora todos los niños y niñas tenga que subir fotos así. Fotos así por internet corren bastante peligro, y más siendo menor, pero esa es otra historia. 

Después esos insultos fueron a un nivel más allá. Ya no eran solo relacionados con mis fotos, ahora estaban relacionados con mi físico, con mi manera de vestir, con mi peinado, etc.

MI PEOR ETAPA

A mí lo que me molestaba no eran los comentarios en relación a mis fotos. Asumía las consecuencias de ese tipo de fotos. Repito, no hay que asumir esas consecuencias porque no tienen que tener esas consecuencias, ¿vale? 

Lo que me molestaba era el tipo de comentario que vino después. Aunque yo, como siempre, intentaba aparentar que no me molestaban. Siempre he tenido un carácter fuerte (por fuera, claro, por dentro soy como un osito de peluche y a veces tengo que cargarme al osito de peluche que llevo dentro como este perro tan gracioso). 

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Por los pasillos me gritaban los insultos que os he dicho antes, por ask.fm (no sé si os acordáis de esa plataforma, pero básicamente existía para criticar de manera anónima a alguien o para preguntarle a tu crush quién le gustaba, a ver si con suerte decía tu nombre) me insultaban también, me hacían el vacío muchas personas (amigas y amigos entre ellas) porque era “la guarra” del instituto, comentaban en mis fotos de Tuenti… En fin, todo bastante cruel.

Os dejo aquí unas capturas de pantalla que he conseguido rescatar de mi ask.

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También se hicieron cuentas de Twitter y de ask.fm para insultarme y acosarme.

 

 

 

 

Ya no solo eran insultos anónimos. Había gente de mi instituto que me insultaba sin ningún tipo de anónimo por Twitter y Tuenti. Y otras personas, también de mi instituto, aunque no los pusieran directamente, daban RT a esos tuits.

Siguen estando esos tuits en Twitter, pero no voy a ponerlos por aquí porque sería muy fácil reconocer las cuentas y tampoco me gustaría que fueran acosados como fui yo en su día. Nadie se merece algo así.

Y yo no me callaba, por supuesto, porque para chula yo, aunque fuera solo una máscara.

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Me intentaron pegar varias veces en el instituto (nunca llegaron a hacerlo). Si yo no hubiese respondido muchas veces no me hubiesen intentado pegar. Otras veces sí que me acorralaban para “explicarme” lo guarra que era por subir ese tipo de fotos.

También me acuerdo de cómo mi mejor amiga para entonces me abandonaba en medio de una pelea de este tipo. Literalmente salió corriendo. No iba a obligarle a que se quedara y me defendiera, por supuesto que no, pero por lo menos que hubiese salido corriendo conmigo, ¿no?

Eso lo pienso ahora. Antes le daba las gracias por ser mi amiga (casi mi única amiga). Pensaba que quería ser mi amiga a pesar de yo ser “la guarra del instituto”. Esto es lo que pasa cuando a esta situación de “acoso” le sumas tener muy poca autoestima.

DESPUÉS DE LA TORMENTA, LLEGÓ LA CALMA

Pasó el tiempo y no recuerdo exactamente qué pasó, pero ya todo estaba “normalizado”. Ahora ya no era “la guarra del instituto” porque la mitad del instituto subía ese tipo de fotos a Instagram.

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“Normalizado”, entre comillas, porque yo seguía sin tener amigas/amigos como tal. En parte fue por mí, porque tenía miedo a tener algún tipo de amistad. No quería nada con nadie que estuviera relacionado con ese instituto porque la gran mayoría me lo habían hecho pasar muy mal. Estaba deseando empezar la universidad para conocer a personas nuevas. Empezar una nueva vida.

Desde que pasó todo hasta segundo de bachillerato (el último año antes de la universidad) me dediqué a estudiar y a trabajar en mí. Ahí empecé más a cuidar mi alimentación y a hacer ejercicio (con pesas en mi casa). Iba mejorando poco a poco mi cuerpo y me sentía muy orgullosa.

Ah, y algunas chicas, que en su momento me insultaron, me preguntaban “¿cómo has hecho para adelgazar tanto? ¡dame consejos”. Que adelgazar, no adelgacé mucho, pero iba creciendo y mi cuerpo se iba estilizando. Y yo, como buena y tonta, les daba consejos de alimentación y ejercicio.

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Gracias a eso descubrí que lo que me gustaba era la nutrición.

LA UNIVERSIDAD

Cuando empecé la universidad no podía estar más contenta. Al fin tenía una oportunidad para empezar de nuevo.

Conocí a gente maravillosa, que he ido perdiendo por el camino. No sé si estaréis leyendo esto, pero lo siento. También conocí a mi exnovio.

Aunque ya no esté con él, le sigo considerando una muy buena persona. Está claro que si ya no estamos juntos, es por algo, pero no puedo decir que ha sido malo. Es una persona que no tiene maldad. El daño que me hizo (al igual que yo le hice a él) sé que ha sido sin ningún tipo de maldad.

Hizo un montón de cosas buenas por mí y me ayudó a crecer como persona. Eso se lo agradeceré siempre.

PERFECTO POR FUERA, PERO NO TANTO POR DENTRO

Hasta aquí parece todo perfecto, ¿verdad? La carrera perfecta, unos amigos perfectos, el novio perfecto… La realidad era muy diferente.

Yo era consciente de que era bastante insegura de mí misma, pero poco a poco iba trabajando en ello. Me costaba, sí, pero tenía muchas ganas de mejorar.

Lo peor que podéis hacer en estos casos es echaros una pareja. Os lo digo como consejo. Si estáis mal con vosotras mismas, ¿qué os hace pensar que podéis estar bien con alguien? 

Y así me fue. Me empecé a aislar y centrarme en mi pareja como si fuera lo único importante en esta vida. Dejé a muchas personas de lado por ese motivo. Solo me centraba en mi novio. No quiero echarle la culpa, por supuesto que no. La que no estaba segura de sí misma era yo. 

Mi felicidad dependía única y exclusivamente de él. Mi percepción de mí misma también, lo que jugaría en mi contra más adelante.

Y AQUÍ, EMPEZÓ TODO (SEPTIEMBRE DE 2017)

En el 2017 tuve un verano maravilloso y tenía muchísimas ganas de empezar un nuevo curso (segundo de Nutrición humana y dietética).

Además, ya me empezaba a rondar por la cabeza la operación de pecho y había pedido cita con el primer cirujano. Os dejo aquí el enlace al primer post que tengo sobre mi operación de pecho. Sabía que tarde o temprano me iba a operar y estaba muy contenta. Sobre todo contenta por haber descubierto que la forma de mi pecho era así porque tenía mamas tuberosas.

En septiembre de ese año me enteré de algo relacionado con mi pareja que me dolió bastante. No voy a dar detalles porque no es justo para él. Solo os puedo decir que lo pasé muy mal y perdí la poca autoestima y seguridad que tenía en mí misma. A pesar de todo, seguí con él.

Vuelvo a hacer hincapié en que la culpa no la tuvo él. Era yo la que partía de problemas de autoestima. Siempre digo lo mismo, pero si yo hubiese estado bien desde un principio, no habría pasado nada “trágico”. O bien ponía punto y final a la relación, o hacíamos borrón y cuenta nueva.

Tras esto, empecé a obsesionarme con el físico, es decir, con la alimentación y el ejercicio físico. Mi objetivo era mejorar.

¿MEJORAR PARA QUIÉN?

Empezaron mis propósitos de mejorar. Todo esto lo tengo apuntado en el bullet journal que tenía para entonces. Iré poniendo fotos de cada cosa.

En septiembre de 2017 pesaba 53.4kg (mido 167-168cm, aunque hace bastante que no me mido), teniendo como medidas de cintura y cadera 60cm y 93cm, respectivamente. Ahora miro fotos y me encantaba mi cuerpo. Estaba delgada y tenía un peso saludable.

Muchas personas pensarán que ese peso es poco para mi altura, pero creedme que no. Es a lo que tiende mi cuerpo cuando me alimento con lo que mi cuerpo necesita. Sin perder la cabeza.

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DIETA Y EJERCICIO FÍSICO

Empecé a tomarme mas en serio la alimentación, dejando de lado los “cheat meals”. Al principio eran dos semanales y luego se fueron reduciendo a uno cada semana. Aunque había semanas que no me saltaba la dieta ningún día.

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SEPTIEMBRE DEL 2017
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OCTUBRE DEL 2017

La dieta que yo seguía y seguí durante todo este tiempo fue la dieta cetogénica. No me quiero enrollar mucho porque no a todo el mundo le interesará, pero se trata de una dieta baja en hidratos de carbono, moderada en proteínas y alta en grasas.

No es una mala dieta si se plantea adecuadamente. Yo la recomendaría para personas que tienen que perder bastante grasa, para personas con hígado graso o para personas que tienen un % de grasa bajo y quieren bajarlo un poco más sin poner en riesgo su masa muscular.

También empecé a hacer ayuno intermitente de 16 horas, más o menos. Esto quiere decir que dejas 16 horas de ayuno (sin comer absolutamente nada y solo bebiendo agua) desde la última ingesta hasta la siguiente. Si terminas de cenar a las 21:00, la siguiente ingesta tendría que ser a las 13:00.

En cuanto al ejercicio físico, hacía 2 horas al día, 5 días por semana, de domingos a jueves, pero tampoco me lo tomaba muy en serio. Hacía pesas y no me mantenía activa durante todo el día, solo lo normal.

OTRA ACLARACIÓN MÁS

Quiero aclarar (¿cuántas veces más vas a aclarar cosas? qué pesada) que el % de grasa saludable para cada persona es un mundo. Para las mujeres, normalmente, un % de grasa muy bajo prolongado en el tiempo no es saludable, pero, ¿cómo saber esto? Con la menstruación.

Si eres mujer, tienes un % de grasa bajo y tienes la regla, adelante, puedes mantenerlo en el tiempo. En cambio, si eres mujer, tienes un % de grasa bajo y no tienes la regla, algo está yendo mal. Ah, tened en cuenta que la regla con la píldora anticonceptiva es una mentiiiiiiira. 

Tampoco hay que utilizar solo como indicador la amenorrea (ausencia de menstruación). Si eres mujer, tienes un % de grasa bajo y tienes la regla, pero te pasas todo el día de mala leche, con hambre o pensando en comida… No sé, pero no creo que merezca la pena ese % de grasa tan bajo si vas a sentirte así.

De los hombres no voy a hablar porque tampoco tengo mucha información, lo siento, chicos.

MI OPERACIÓN DE PECHO (DICIEMBRE 2017)

Decidí operarme en diciembre. Quería operarme lo antes posible.

Después de la operación tenía que estar un mes sin hacer ejercicio físico. No me lo tomé al pie de la letra porque a la semana ya estaba haciendo lo que podía de tren inferior con bandas elásticas. El tren superior sí que no lo toqué hasta el mes porque quería recuperarme bien. También salía a pasear y me intentaba mantener activa.

La operación me dio una falsa seguridad en mí misma. Estaba contenta, sí, pero no había solucionado nada. Sí, me encantaban mis tetas, pero ¿y qué? Yo seguía dándole vueltas a lo que había pasado en septiembre y me seguía valorando muy poco.

Y AQUÍ, SE ME EMPEZÓ A IR DE LAS MANOS (ENERO DE 2018)

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Cómo no, llega un nuevo año y los queridos propósitos.

Mi propósito de ese año fue apuntarme a un gimnasio grande, a uno “de verdad”, y empezar a entrenar “como dios manda”. Aunque también ser más estricta con mi alimentación y empezar a comer de manera más limpia.

Para enero pesaría como 52-53kg. Teniendo en cuenta que medio kilo era (y es) de silicona. Aunque sí que recuerdo que en las semanas posteriores a la operación (en diciembre de 2017) pesaba un poco más, como 54-55kg. A las pocas semanas se me normalizó el peso.

Después de una operación siempre te hinchas como si fueras una pelota y retienes líquido como una esponja. Por suerte la operación me incluía un bono de 10 masajes (creo) de drenaje linfático. 

Como veis, desde septiembre del 2017 hasta enero del 2018 casi no modifiqué mi peso. Mejoré mi alimentación, pero me mantenía estable. Mi intención no era perder peso, así que me alimentaba bien y hacía ejercicio, pero nada exagerado.

OTRA COSA NO, PERO FUERZA DE VOLUNTAD, PARA DAR Y REGALAR

Siempre consigo lo que me propongo y esta vez no iba a ser menos. Me apunté a un señor gimnasio y empecé una señora dieta estricta. Y poco a poco (y no tan poco a poco, no nos vamos a engañar) empezaron los hábitos propios de un TCA, o por lo menos yo lo veo así.

¿Por qué hábitos de un TCA y no hábitos de una persona simplemente perfeccionista que quiere “cuidarse”? Para responder a esto voy a hacer copia y pega de la página msdmanuals.com.

“Para que una conducta alimentaria inusual se considere un trastorno, el comportamiento debe prolongarse durante un período de tiempo y causar un daño significativo a la salud y/o la capacidad física de la persona para funcionar con normalidad en la escuela o en el trabajo, así como afectar negativamente a las interacciones de la persona que la padece con las demás personas.” 

Os dejo aquí el enlace al texto que acabo de citar.

Con esto quiero decir que el problema no está en cuidarse, en alimentarse en base a las necesidades nutricionales, en hacer ejercicio, en decir “no” al trozo de pastel de tu cumpleaños, etc. Tampoco está en querer verse bien y gustarse. ¿A quién no le gusta verse bien?

El problema está en paralizar tu vida para centrarte única y exclusivamente en la alimentación, en el ejercicio físico y en tu físico, dejando de lado todo lo demás.

Esta es mi opinión, no tengo la verdad absoluta y no creo que nadie la tenga. Actualmente se están normalizando muchas cosas en cuanto al estilo de vida “saludable”. Se está llevando todo a un extremo para nada saludable.

Y no me refiero al mundo del culturismo, esa es otra historia. Todo el mundo sabe que el culturismo llevado a la competición NO es saludable. Requiere llevar al cuerpo a un límite para el cual no está preparado.

Me refiero a las personas de a pie y a los influencers de turno de las redes sociales. No me quiero meter mucho en esto porque tengo pensado hacer otro post sobre esto, pero a modo resumen, lanzo una pregunta, ¿quién te crees tú, influencer de turno, para decir qué tienen que comer y qué NO tienen que comer las personas para llevar un estilo de vida saludable?

HOLA DEMONIO DE MIERDA, WELCOME TO MY LIFE

Aquí ya me centro en lo importante. Os voy a contar las cosas que hice desde enero del 2018 hasta más o menos junio del 2018. No fueron los peores meses, lo peor vendría después.

DIETA Y EJERCICIO FÍSICO

La dieta que seguía era la dieta cetogénica. No me acuerdo exactamente de cuantas calorías (kilocalorías en realidad, pero bueno, da igual) consumía, pero entre 1000 y 1300. Aunque a veces, como veis en la foto, ni llegaba a las 1000 calorías de media. Los macronutrientes eran 5% de hidratos de carbono, 55-60% de grasa y el resto de proteína.

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Además, hacía ayuno intermitente de 16-18h todos los días, aunque había días que hacía ayunos de 24 horas. Refeeds no hacía como tal (los refeeds son recargas de hidratos de carbono), aunque sí que intenté hacer uno una vez. Lo que más hacía era un cheat meal por mes, y a veces ni eso.

También empecé a cogerle miedo a muchos alimentos con hidratos de carbono. Y no me refiero solo al pan, la pasta, el arroz, la patata, las frutas, etc. Me refiero también a algunas verduras.

Me encanta el pimiento rojo crudo (bueno, y de todas las formas) y no lo tomaba porque tenía MUCHOS hidratos de carbono. Y tiene menos de 5 gramos de hidratos de carbono netos.

Ejercicio físico hacía todos los días, 2 horas de lunes a viernes, en ayunas. Me levantaba pronto por la mañana, como a las 5:20, cogía el autobús y me iba al gimnasio cuando no tenía clase a primera hora. Cuando sí que tenía clase, iba al gimnasio después de clase, fuera la hora que fuera.

Normalmente solía ser 1 hora y 15 minutos de pesas y 45 minutos de cardio en la cinta (andando, corriendo no, que yo no soy muy de correr).

ALMENDRAS A SACO PACO

En marzo de este año dejé la píldora anticonceptiva combinada porque, según yo, me sentaba mal. Pasé de una pildora combinada, Loette, a la famosa mini-píldora, Cerazette. Con esta píldora es normal no tener la regla, así que según empecé a tomarla, mi regla desapareció.

Ahora sé que no era la píldora lo que me sentaba mal, me sentaban mal las almendras. No las almendras en sí, sino la cantidad de almendras que tomaba. Podía tomar 50 gramos de almendras al día, incluso a veces 100 gramos. Me alimentaba a base de eso.

UNIVERSIDAD, SÍ, PERO LA JUSTA

Os voy a situar. Estaba cursando el segundo cuatrimestre de segundo de Nutrición humana y dietética. En este cuatrimestre hay cinco asignaturas: análisis de los alimentos, dietética y farmacología aplicada (esta es anual), procesado de los alimentos, y microbiología y parasitología.

Yo había decidido matricularme de menos asignaturas por dos motivos:

  1. Vivo bastante lejos de la universidad y pierdo bastante tiempo en el transporte público (tres horas diarias). Además, mi pueblo está bastante mal comunicado y tengo que cuadrar horarios de autobuses.
  2. Me gusta aprender, no memorizar. Me apasiona mi carrera, aunque a veces la enfoquen bastante mal o el temario no esté del todo actualizado. Prefiero ir poco a poco y aprender de verdad. No tengo prisa por obtener el título. Además, mientras estoy en la universidad, realizo cursos relacionados con la nutrición.

En este cuatrimestre, el segundo, estaba cursando solo análisis de los alimentos y dietética y farmacología aplicada. Esta última era anual así que en el segundo cuatrimestre solo tenía la segunda parte, que era farmacología (esta asignatura me encantó).

Tenía muchas ganas de ir a clase. Me gustaba ir a clase y aprender.

¿VIDA SOCIAL? ¿QUÉ ES ESO?

En cuanto a la vida social, como os he dicho antes, tenía más bien poca. Mi vida social era mi pareja, y ya está.

Antes de todo esto, durante los primeros meses del 2017 más o menos, tenía dos personas importantes en mi vida (además de mi pareja, claro, pero estábamos tan unidos que parecíamos uno). No voy a dar nombres, pero vamos a llamarles A y B.

Dejé de relacionarme con A porque tenía lo que yo creía que era “hábitos tóxicos”. Era una persona negativa, que valoraba poco lo que tenía y que, para colmo, fumaba. Pensaba que si lo tenía todo, ¿por qué se quejaba? ¿por qué se sentía triste? ¿por qué no era capaz de valorar las cosas? ¿por qué se estaba matando fumando cuando la vida le había dado la oportunidad maravillosa de vivir?

Esto es lo que pensaba yo para entonces, ahora mismo pienso algo muy diferente. He tenido que vivir en mis propias carnes lo que es tener absolutamente todo (o lo que yo creía que era “todo”) y sentirte como la mayor mierda del mundo. Además, también he tenido ganas de morirme, de desaparecer y que se acabara todo (lo siento si suena duro, pero es así).

No debemos juzgar a nadie por lo que hace o deja de hacer ni por lo que tiene o deja de tener. Nadie más que uno mismo sabe cómo se siente. Nunca sabes cuando te va a tocar a ti pasar por algo así.

En mi defensa diré que empecé a odiar bastante a todas las personas que fuman porque a mi prima/hermana Elsa le diagnosticaron un osteosarcoma (yo teniendo un demonio de mierda y ella teniendo un tumor de mierda). Me pareció una jodida injusticia (y me lo sigue pareciendo) que una niña tuviera que pasar por algo así sin buscárselo, por así decirlo, mientras hay otras personas fumando tabaco y despreciando tanto su salud.

Y ya no solo su salud porque ¿a cuántas de vosotras, abejas, no os han echado el humo en la cara en la marquesina del autobús? Si quieres matar a alguien, mátate a ti mismo, ¡hombre! 

La historia de B no voy a contarla porque tampoco recuerdo muy bien qué pasó. Simplemente nos distanciamos porque ni B ni yo estábamos en un buen momento.

Aunque, sinceramente, no hace falta buscar ningún motivo. Yo estaba muy feliz (o eso me creía yo) en mi burbuja con mi demonio de mierda. Cuidaba más al demonio de mierda que a A y B, por eso me distancié de ellos. No hay más explicación.

HÁBITOS DE ¿VIDA?

Cada día tenía una rutina y unos horarios muy marcados y organizados. Ahora mismo no me acuerdo exactamente de todo, pero intentaré plasmar lo más importante y lo que más se repetía.

Mi día a día de lunes a jueves era: levantarme temprano, coger el autobús e ir al gimnasio cuando no tenía clase a primera hora o ir a clase cuando sí que la tenía, y después ir al gimnasio. Después cogía el autobús de vuelta a casa y al llegar comía la comida que hacía mi padre.

Los domingos solíamos hacer el menú de comidas de toda la semana. Siempre eran comidas bastante sanas. A veces eran recetas “de siempre”, como lentejas o algún estofado y otras veces eran comidas más simples, con primer y segundo plato, como judías verdes y filete de ternera (siempre del de mejor calidad, porque en esta casa en comida no se escatima).

[08:06, 24/2/2018] victoria: he pensado este menú
[08:06, 24/2/2018] victoria: lunes: pisto de calabacin y pavo adobado
[08:07, 24/2/2018] victoria: martes: lentejas
[08:07, 24/2/2018] victoria: miercoles: judias verdes con atun y filete de ternera
[08:08, 24/2/2018] victoria: jueves: pollo con zanahoria
[08:08, 24/2/2018] victoria: a ver si papa lo aprueba

[09:21, 24/2/2018] victoria: y mañana de comer rape al horno 🙏🏻🙏🏻

Al terminar de comer, me ponía a pasar apuntes de la universidad o a estudiar si tenía algún examen. También me repetía el seminario online del curso del ICNS que estaba haciendo (Nutrición deportiva).

Sobre las 18:00-18:30 me ponía alguna serie o vídeo en YouTube y hacía abdominales hipopresivos. Después me duchaba y cenaba. Mi cena siempre era un poco de jamón ibérico, queso de cabra y almendras.

Al principio del año 2018 mi padre también me hacía algunas cenas. Recuerdo que los lunes me hacía crema de verduras, los martes caldo de verduras y los miércoles tortilla de espinacas o de atún, dependiendo de la semana y de la comida de ese día. Los jueves me la preparaba yo y solía ser algo de pollo.

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Después dejó de hacérmelas porque le empecé a coger bastante miedo (a mi padre no, a la comida, o bueno, a las recetas o “recetitas”, como las llamaba yo). Sabía que si le decía que ahora me iba a hacer las cenas yo, no pondría ninguna pega.

Las comidas me las seguía cocinando él, aunque yo no estaba muy de acuerdo con las recetas. Le decía que utilizara menos aceite para cocinar y ese tipo de cosas. La excusa que ponía era que prefería tomarme esas calorías en forma de comida y no en forma de aceite. Y está bien, es totalmente respetable, pero si luego lo cumples, porque yo no lo cumplía.

Los viernes eran casi iguales, solo que comía en la universidad con mi pareja y luego me iba a su casa a pasar la tarde. La comida de los viernes era especial porque me hacía una ensalada que llevaba: atún en aceite de oliva, huevo cocido, anacardos (15 gramos, tampoco nos íbamos a pasar…) y ¡maíz! Esa era mi especie de cheat meal. Incluir 30 gramos de maíz para mi era la gloria.

La cena la hacía en mi casa y era lo mismo de siempre: almendras, jamón ibérico y queso de cabra.

Los sábados me levantaba y me ponía a hacer cosas de la universidad. Tampoco desayunaba porque, como ya dije, hacía ayuno intermitente todos los días. Algunos sábados iba con mis padres a ver a mi abuelo a la residencia y después a comer con mi abuela a un bar/restaurante de la zona. Siempre me pedía de comer caldo gallego o judías verdes con jamón y de segundo hígado de ternera o pechuga de pollo a la plancha. Por supuesto, ni patatas fritas ni postre.

Al igual que dije antes, le empecé a coger miedo, según avanzaban las semanas, a comer fuera de casa. No me gustaba no controlar qué me estaba comiendo, es decir, los ingredientes. Sí, yo sabía que las judías verdes con jamón eran judías verdes y jamón, pero, ¿qué tipo de aceite llevaban? ¿cuántos gramos? eran preguntas que no podía responder y me agobiaban.

Así que, dejé de ir a ver a mi abuelo y a mi abuela los sábados que íbamos a verlos, porque no quería comer fuera de casa.

Por las tardes me iba a casa de mi pareja y cenaba allí. Una vez al mes, o incluso mes y medio, hacíamos un cheat meal. Podíamos hacer pizza casera o ir a alguna hamburguesería. Si no hacíamos cheat meal, tomábamos contramuslos de pollo con especias. Esta receta me la hacía él y me gustaba mucho, estaba muy rica. Gracias a él descubrí el maravilloso mundo de las especias.

Y otra vez igual, le cogí miedo a esta receta. En resumen, le cogí miedo a cocinar con aceite en general.

Los domingos era día de descanso y de tareas de casa. Me encargaba de poner lavadoras, recoger mi habitación, hacer algo de la universidad… También me pintaba las uñas, me hacía las cejas, me exfoliaba el cuerpo, me ponía una mascarilla en el cabello y otra en la cara… En fin, lo que viene siendo un domingo de cuidados.

De comer siempre tocaba pescado, a veces era al horno, otras veces en salsa verde… Por la tarde hacía abdominales hipopresivos y luego me duchaba. De cenar, lo mismo de siempre, jamón ibérico, almendras y queso de cabra.

Esto se repetía semana tras semana, hasta que llegó junio-julio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario sobre “MI TCA (I): EL PRINCIPIO

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