TCA

EXTREME HUNGER

¡Buenos días, panal! Ya estoy otra vez aquí. Ha pasado poco tiempo desde la última entrada, en la que os hablo de cómo afrontar la subida de peso en la recuperación de un TCA (os dejo el enlace aquí). Estoy irreconocible, eh. Esto de la primavera y el horario de verano me ha afectado. Aunque yo creo que se debe a la lluvia.

Los días de lluvia me inspiran bastante y me animan a escribir. ¿A quién más le pasa esto? Ya no solo me inspiran, también me encantan. Por eso (y más cosas) supongo que me gusta el norte de España. Soy taaan feliz allí. Con los árboles, el mar, las vaquitas, los caracoles, la lluvia… ay. Lo ilustro.

20170408_133229

Os dejo aquí también una foto de mi amiga la vaca. No puedo dejaros el enlace del outfit porque es bastante antiguo, del 2015… Lo único que os puedo decir es que los pendientes son del Forever 21 y los cuernos de Zara, de la colección que sacaron unos años más tarde de que pillaran al (ex) rey de España cazando elefantes. Me imagino que Amancio Ortega aprovechó y compró en una subasta los cuernos de los elefantes y con el material hizo cuernos para las vacas asturianas. Quién sabe.

20151005_133617

ANTES DE EMPEZAR

Antes de empezar quiero decir que me voy a currar este post por dos sencillos motivos:

  1. Este tema fue el que más me amargó la vida en la recuperación porque NADIE, absolutamente NADIE, lo entendió. Creyeron que tenía Trastorno por atracón o algo así, cuando no. Me da lástima que haya pocos profesionales que conozcan la fisiología humana, con lo sencilla que es (bueno, no me matéis, tendrá sus complicaciones, pero para personas que han estudiado Psicología o Medicina, será muy fácil de entender, o eso creo).
  2. La matrícula de la Universidad es muy cara y hay que aprovechar el acceso a los papers. ¡A descargar todos los papers que se pueda!

giphy-42.gif

¿QUÉ ES EL EXTREME HUNGER?

El extreme hunger, como su nombre indica, es el hambre extrema. Este hambre extrema se manifiesta cuando vuelves a alimentarte tras un periodo de tiempo en déficit calórico. Obviamente no ocurre en todos los casos, ya que depende del déficit.

Si haces una dieta hipocalórica bien planteada porque tienes que perder peso, sea cual sea el motivo, dudo mucho que te ocurra el extreme hunger. En cambio, si haces una dieta hipocalórica con un déficit agresivo, es muy probable que te suceda.

No siempre ocurre seguidamente de esta etapa de “hambruna”. A veces ocurre meses después. Lo que hay que tener claro es que es algo necesario y totalmente normal. Quiere decir que tu cuerpo es sabio y quiere recuperarse.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?

Sabrás que estás pasando por el extreme hunger cuando comas, comas, comas y no puedas parar de comer. Sí, suena bruto, pero es así. Da igual lo que comas y cuánto comas, nunca estarás saciada. Jamás. Tendrás la sensación de tener el estómago lleno, pero según se vacie y tengas un huequito para meter más comida, lo harás sin pensártelo dos veces.

Es importante que tengáis claro que ¡¡NO SON ATRACONES!! (coño). Y no solo vosotras, abejas que estéis leyendo esto porque estéis en una situación similar, también los profesionales. Luego me meteré más en este tema.

Os podéis meter en un día unas 5.000-10.000 calorías (hablaré de calorías, pero en realidad son kilocalorías, ¿vale?). Algunas personas que no hayan pasado por esto se llevarán las manos a la cabeza y dirán “¿qué narices?”. No, no es una cantidad de comida normal, pero os lanzo una pregunta, ¿de verdad una persona con infrapeso es una personal “normal” que tiene que comer una cantidad de comida “normal”? Seguro que respondéis que no. Pos yastá.

¿CUÁNTO DURA?

Todo el tiempo que tu cuerpo considere necesario. Luego os explicaré por qué y en qué se basa nuestro organismo en la regulación del apetito y la saciedad.

A mi, por ejemplo, me duró 3 meses, más o menos. El primer mes era un extreme hunger en toda regla porque no podía parar de comer ningún día. Me tiré todos los días con esa cantidad de calorías. En el segundo y tercer mes dependía de la semana y del día, como es lógico. Pero ya en el tercer mes puedo decir que sabía notar cuando estaba saciada, aunque no tuviese el estómago lleno.

Sé que hay personas a las que le dura más tiempo. Cada persona es un mundo. Un consejo que os doy para hacerlo correctamente y que se acabe lo antes posible* es hacerlo sin miedo y sin restricciones. Si el cuerpo os pide comeros una bolsa entera de cereales, hacedlo, sin miedo. Tenéis que asegurarle a vuestro cuerpo que no falta comida y que siempre que él quiera va a tenerla.

*No lo digo por el hecho de comer mucha cantidad, es que es una mierda estar con hambre y pensando todo el rato en comida.

giphy-40.gif

Bastantes estudios aseguran que la hiperfagia se detiene más o menos cuando el tejido magro es recuperado [1].

Captura de pantalla 2019-04-11 a las 20.29.32.png
La hiperfagia se mantenía cuando la recuperación del tejido magro (FFM: fat free mass) aun estaba por debajo del grupo control, pero parecía desaparecer cuando la recuperación del tejido magro fuera del 100% respecto al grupo control. [1]
MINNESOTA STARVATION EXPERIMENT

Vamos a retroceder en el tiempo, vayamos al 1944-1945, donde la ética en los estudios no existía. En estos años se realizó un estudio llamado Minnesota Starvation Experiment, es decir, experimento de inanición/hambre de Minnesota.

La verdad es que fue un experimento bastante duro, aunque útil a la vez. Se hizo con dos objetivos: escribir un tratado/documento con los efectos sobre los seres humanos de un periodo de hambruna y para saber cómo narices recuperar a las personas que habían sufrido de algo así durante la Segunda Guerra Mundial. Porque sí, antes la hambruna era inevitable e involuntaria, no como ahora, que nos ponemos a pasar hambre por gusto. 

Se cogieron a 36 hombres sanos voluntarios de la CPS (Civilian Public Service), que era una alternativa al servicio militar en la Segunda Guerra Mundial. O te ibas a la guerra o te quedabas aquí haciendo experimentos con tu cuerpo, qué chachi.

Este año de experimento se dividió en diferentes fases:

  1. Periodo control (12 semanas): en este periodo se alimentó a estos buenos hombres con una dieta normal, de mantenimiento, aproximadamente de 3.200 calorías al día. Ajustaron la dieta de tal manera que cada hombre alcanzara su “peso ideal”.
  2. Periodo de semi-inanición (24 semanas): durante este periodo las calorías diarias se redujeron a 1.500 calorías/día. Una ruina, vamos. Hacían dos comidas al día.
  3. Periodo de rehabilitación con restricción (12 semanas): aquí se dividieron en grupitos y a cada uno les daban una cantidad de calorías, macronutrientes y micronutrientes diferentes, para ver de qué manera se rehabilitaban mejor.
  4. Periodo de rehabilitación sin restricción (8 semanas): no tenían ningún tipo de restricción en cuanto a las calorías ni al tipo de comida.

Los resultados fueron obvios (ahora, supongo que en su momento fue toda una revelación), los pobres hombres estaban que se querían cortar el cuello. Además de perder peso, que eso era inevitable, tuvieron graves efectos psicológicos, como depresión e irritabilidad. También se empezaron a obsesionar con la comida, coleccionando libros de cocina y esas cosas.

Captura de pantalla 2019-04-03 a las 9.26.40.png

¿Por qué os hablo de este estudio? ¿Para aburriros? No. Os hablo de él porque adivinad qué les ocurrió a la mayoría cuando empezaron el periodo de rehabilitación sin restricción. Se pusieron finos filipinos a comida. No podían parar de comer, incluso meses después del final del experimento.

En este estudio que os mencioné antes [1], volvieron a revisar y a estudiar a 12 de los 32 participantes del experimento de Minnesota. Estos 12 participantes fueron los que estuvieron en el laboratorio durante las 8 semanas de la realimentación no restringida o ad libitum.

Se estableció entonces una relación entre el tejido graso y magro y la hiperfagia. Concluyendo que, a menor tejido graso y magro, mayor hiperfagia. [1]

Captura de pantalla 2019-04-11 a las 14.16.34.png
En otras palabras, cuanto menor sea el grado de recuperación de grasa o de tejido libre de grasa (FFM: fat free mass), mayor será el grado de hiperfagia. [1]
Actualmente no es ético repetir un experimento de este tipo, pero tenemos dos cosas más importantes: la ciencia y la experiencia.

LA BASE ESTÁ EN LA FISIOLOGÍA

Uno de los grandes pilares para entender esto es la ciencia, concretamente la fisiología. La fisiología es el estudio de las funciones que ocurren dentro de nuestro organismo, en cualquier tipo de situación. Da igual si eres una persona sana o enferma, la fisiología se encarga de estudiar absolutamente todo lo que pasa.

¿Cuál es el problema que he observado y, lamentablemente, vivido? Que muchos profesionales de la salud especializados en los trastornos de la conducta alimentaria solo se basan en la fisiología de individuos sanos. Y una persona que tiene un TCA, no es un individuo sano.

Yo me centraré en personas que debido al TCA han perdido peso, porque es lo que me pasó a mi y de lo que me he informado, pero estoy segura de que algo similar ocurre en otros casos. Aunque no me la voy a jugar mucho, lo siento.

¿POR QUÉ NECESITAMOS COMER TANTO?

Empecemos por lo más importante y lo que nos hará entender por qué nuestro cuerpo necesita esa energía. Hemos perdido mucho peso, y con el peso, muchas funciones importantes en nuestro organismo. Ahora tenemos que recuperar todo eso.

Pensad que un kilogramo de grasa son 7.000 calorías y nosotras hemos perdido 10kg, por ejemplo. Obviamente no todo lo que hemos perdido es grasa, también habremos perdido tejido muscular y tejido óseo, entre otras cosas, pero para hacer una aproximación diremos que cada kilogramo de lo que hayamos perdido son 7.000 calorías (aquí sí que me la juego y digo que sería bastante más…).

Si multiplicamos los kilogramos que tenemos que recuperar por las calorías que eso supone, nos quedarían 70.000 calorías. Eso serían unas 5.000 calorías cada día durante dos semanas.

Aunque os lo puedo explicar de otra manera, para que entendáis que, en realidad, la deuda energética que tenemos con nuestro organismo es muchísimo mayor a eso. Imaginad que hemos tenido un déficit calórico de 300 calorías al día durante un año entero, que son 365 días. Esto supondría una deuda de 109.500 calorías. O sea, 7.800 calorías al día durante dos semanas.

Parece fácil, ¿no? Comemos durante dos semanas una dieta de 5.000 calorías a base de salmón a la plancha, bocadillos de pavo con pan integral, frutos secos, frutas, verduras, avena…

giphy-41.gif

No nos podemos alimentar únicamente de “comida real”, dejemos eso para después. La comida real tiene muchos beneficios, pero también incovenientes. Destacaré los dos más importantes:

1. Generan una termogénesis muy grande, sobre todo la proteína [2]. Esto quiere decir que si nosotros estamos comiendo un filete de ternera que tiene 100 calorías, a nuestro cuerpo eso le cuesta digerirlo unas 20 calorías (que no se note que me lo estoy inventando para que me cuadren los números), por lo que ese filete tendría 80 calorías netas. ¿Nos está aportando 100 calorías como dice el etiquetado? No, nos está aportando mucho menos, concretamente el 80% (guiño, guiño).

Captura de pantalla 2019-04-11 a las 13.11.11.png
Los valores obtenidos en el estudio en cuanto a la termogénesis de los diferentes macronutrientes fueron: 0-3% para la grasa, 5-10% para los carbohidratos y 20-30% para la proteína. [2]
2. Muchos alimentos no se llegan a digerir del todo, como es el caso de las semillas o los frutos secos crudos [3, 4]. Tal cual entran, salen. ¿Te están aportando energía? Pues no mucha, desde luego menos energía de la que pone el etiquetado.

Captura de pantalla 2019-04-11 a las 13.44.26
“La digestibilidad de la grasa y la energía disminuyó con la adición de pistachos en la dieta.” [3]
Captura de pantalla 2019-04-11 a las 13.52.17.png
La consumición de cacahuetes crudos condujo a un mayor porcentaje de grasa fecal y de energía por gramo de heces comparado con la harina de cacahuete (PF), crema de cacahuete (PB) y aceite de cacahuete (PO) y/o el grupo de control que no consumió nada de esto. [4]
Por este motivo una persona que tome 2.000 calorías de “comida real”, en realidad está tomando bastante menos. Y si nosotras, cuando estamos recuperando el peso que hemos perdido, nos ponemos a tomar 5.000 calorías de “comida real”, serían bastantes menos.

Y a estoy hay que sumarle (o restarle, según lo veais) que tenemos el sistema digestivo atrofiado. Esto quiere decir que nuestro cuerpo fabrica menos enzimas digestivas (sustancias que rompen los alimentos en trocitos para que se puedan absorber, más o menos) y jugo gástrico [5] porque le hemos dado tan poco alimento durante cierto tiempo, que no le merece la pena fabricar más. Como todo, cuesta energía.

Captura de pantalla 2019-04-11 a las 20.52.31.png
La cantidad de ácido en el estómago (necesario para la digestión de los alimentos) fue menor en los pacientes con anorexia nerviosa que en el grupo control. Incluso después de incrementar el peso corporal en 11kg. [5]
Sin enzimas y sin ácido, no hay digestión que valga. Y sin digestión, no hay energía. O sea que, de esas 5.000 calorías le quitamos un % debido a la termogénesis, y otro % debido a la escasez de enzimas. Entonces, ¿qué nos queda? Pues muy poco.

Además, el prohibir los alimentos ultraprocesados en un proceso de recuperación sigue siendo restricción. Y recordad que nuestra enemiga es la restricción. Como todo en la vida tiene que haber un equilibrio.

Yo el equilibrio siempre lo explico con algo que hacía yo. Los probióticos me parecen un buen alimento para repoblar nuestro intestino grueso de las bacterias beneficiosas. El probiótico que más me gusta a mi es el kéfir. El kéfir es “comida real”, como todo el mundo sabrá. Aquí tenemos un lado de la balanza.

Para equilibrar esta balanza, al otro lado ponía galletas Dinosaurus. Es un ultraprocesado, sí, pero ¿y qué? Para mi suponía todo un reto ser capaz de tomar kéfir con galletas un día cualquiera sin programarlo antes y sin cuadrarlo en mis calorías.

Ahora mismo, por ejemplo, ya no tomo eso, pero tomo otras cosas que también hacen equilibrar mi vida y mi relación con la comida.

NO TODO ES EL PESO

Como ya sabéis, o eso espero, no todo es el peso. No nos tenemos que centrar únicamente en recuperar el peso perdido, tenemos también que recuperar muchas funciones. Estas funciones, también necesitan energía.

Entonces, no solo estamos hablando de 70.000 o 110.000 calorías, estamos hablando de bastantes más. Y nuestro cuerpo no es tonto y sabe que necesita todo eso, lo sabe perfectamente, por eso pide comida y comer, todo el tiempo.

¡¿Y POR QUÉ NO PODEMOS PARAR DE COMER?!

Ya nos ha quedado claro que comer tenemos que comer, y cantidades “anormales” de comida, sin ningún miedo. Es algo que necesitamos. Olvidemos la procedencia de esa comida, hagamos caso a nuestro instinto, aunque ese instinto nos pida comer helados, galletas, cereales…

Si le negamos a nuestro cuerpo lo que le apetece en ese momento, que suelen ser comidas fáciles de digerir y que aportan energía inmediata, estaremos entrando otra vez en la restricción. Y no queremos eso. Ya habrá tiempo de comer bien, equilibradamente, pero ahora mismo lo importante es la salud mental.

Ahora os explicaré por qué no podemos parar de comer. Es muy sencillo de entender, y estoy segura de que terminaréis de leer este post entendiéndolo todo.

Nuestro tejido graso forma una hormona que se llama leptina. Cuando tenemos muy poco tejido graso, por lógica tenemos muy poca leptina. Como os muestro en esta captura de un estudio que encontré [6].

captura-de-pantalla-2019-04-11-a-las-12.44.26.png
“La concentración de leptina está correlcionada con la cantidad de masa grasa, con niveles inferiores en individuos delgados” [6]
Captura de pantalla 2019-04-12 a las 10.31.51
Dado que las mujeres con anorexia nerviosa y amenorrea inducida por el ejercicio tienen un déficit crónico de energía, se planteó la hipótesis de que esto se asocia con la hipoleptinemia (bajos niveles de leptina en sangre). Lo que se confirmó después en estudios observacionales. [7]
La leptina se encarga de indicarle a nuestro cuerpo cuándo está saciado y cuando parar de comer. Entonces, si tenemos muy poco tejido graso, tendremos muy poca leptina y nuestro cuerpo no será capaz de entender cuándo estamos saciadas. Tiene sentido, ¿verdad?

Captura de pantalla 2019-04-12 a las 10.30.48.png
El nivel de leptina circulante (en sangre) sirve como un indicador de la reservas de energía y dirige al sistema nervioso central para ajustar la ingesta y, en consecuencia, el gasto de energía. La leptina activa un circuito neural complejo formado por neuropéptidos anorexigénicos (disminuyen el apetitio) y orexigénico (aumentan el apetito) para controlar la ingesta de comida. [7]

Así que llámalo hambre extrema, comer intuitivamente o simplemente hambre. Lo importante es que tienes que alimentarte, y da igual de cuantas calorías estemos hablando. Algunas personas necesitarán menos y otras más, eso depende de cada persona.

Lo que sí que os puedo decir es que pasar por el extreme hunger conlleva una simple y gran ventaja: ser capaz de tener hambre y de comer. Hay personas que no pasan por un periodo de tiempo como este y tienen que ser forzadas a comer.

LA MESA SEPARA LA UTOPÍA DE LA REALIDAD

Uno de los problemas que me he encontrado en consulta es que no te entienden o te imaginan de otra manera. Necesitan ponerte una etiqueta para poder ayudarte. Las etiquetas son útiles, sí, pero utilizalas tú en privado, no me digas a mi lo que tengo y lo que dejo de tener porque yo mejor que nadie sé que me está ocurriendo.

No en todos los casos es así, y lo entiendo. Yo acudí a la consulta después de un mes entero de una recuperación inconsciente con extreme hunger (yo pensando que era ansiedad, por supuesto que sí), por lo que no tenía un peso muy bajo, y ya había ganado unos 10kg aproximadamente. Y esta consulta no era realmente una consulta, fue ir a urgencias a recetarme el antidepresivo y a que me derivaran al psiquiatra.

Desde ese día hasta que fui al psiquiatra de la seguridad social pasaron aproximadamente 3 semanas. La psiquiatra me derivó (muy correctamente, porque un buen profesional es el que sabe derivar) al Santa Cristina, porque allí tienen una unidad para trastornos de la conducta alimentaria. Pasó otra semana más. Es decir, habían pasado dos meses desde que había empezado mi recuperación involuntaria, y yo había subido aproximadamente 20kg, o quizás un poco más.

Acudí a esa unidad con un peso adecuado para mi altura. Ellas (todas las que me atendieron eran mujeres) se esperaban una chica en los huesecitos y traida atada de pies y manos, y yo no encajaba en ese patrón. Además, ya había pasado mi época de restricción y de posterior compensación, por lo que no encajaba ni en anorexia ni en bulimia. Como les había contado que había tenido unos meses de comer un montón, me etiquetaron como “trastorno por atracón”.

Yo repetía y repetía que no tenía eso, que no comía por ansiedad, que había comido todo lo que había comido porque tenía hambre. También le dije que no me gustaba llamarlo atracón porque era una palabra inadecuada para las personas que nos estábamos recuperando de un periodo de restricción (llámalo anorexia, bulimia, ortorexia, vigorexia, ¡me da absolutamente igual!). Ella no lo entendía, seguía diciéndome que aunque no me gustara llamarlo así, el nombre científico era “trastorno por atracón” y que yo estaba comiendo por ansiedad porque mi vida era un caos.

[Pensadlo, ahora mi vida sí que es un caos porque toda la rutina que he llevado por más de un año, se ha ido por completo. Ya no hago ejercicio como antes, estoy superando una ruptura, estoy luchando contra la restricción y contra el demonio de mierda, no me veo bien, etc. Ahora es cuando, según la psicóloga que me dijo todo eso, tendría que tener más ansiedad y tendría que darme atracones. Pues mira, resulta que no, resulta que tengo el apetito totalmente regulado.]

Por supuesto, yo aquí me puse a llorar con una magdalena. No de tristeza, para nada, lloraba de impotencia. Al final yo solo estaba escuchando “deja de comer así porque eso no está bien”. Esto es contraproducente para las personas que tenemos que recuperarnos, nos están metiendo en la cabeza restricción.

giphy-43.gif

Esto es igual que cuando te plantean una dieta de 3500 kcal para recuperarte de un TCA de este tipo, y no te puedes pasar de esta cantidad de energía. Te puedes quedar con hambre, pero no puedes superarlas, porque esas son las que tienes que comer. O cuando te ponen un límite de peso y te dicen “muy bien, has alcanzado los 55kg, ya estás recuperada”.

¿Cómo que recuperada? ¿Y si su “peso ideal” o set-point es de 60kg? ¿Y si necesita más energía para recuperarse? ¿Y si su cuerpo no se siente seguro así? ¿Y si la restricción le genera más estrés y, por lo tanto, cortisol y prolactina, y no le baja la regla nunca más?

Estamos fatal de la cabeza. No hagáis caso si os dicen todo esto. Si habéis perdido peso o si habéis tenido fluctuaciones en el peso, como en el caso de la bulimia, y os estáis recuperando y tenéis hambre, comed. Si 3500 kcal no os bastan, comed más. Os prometo que se os regulará cuando vuestro cuerpo esté seguro y tranquilo. 

¡HASTA OTRO DÍA, PANAL!

Espero que os haya gustado este post y que lo hayáis entendido. Me hubiese gustado encontrar más estudios, pero tengo que decir que, lamentablemente, hay muy pocos con libre acceso. Espero que los que he puesto os hayan ayudado a entender el extreme hunger.

El próximo post será sobre la distribución de la grasa corporal en la recuperación de la anorexia. Es algo peculiar ya que se concentra toda la grasa en la zona abdominal.

Pasad una muy buena Semana Santa, ¡hasta otro día, panal!

BIBLIOGRAFÍA

[1] Abdul G Dullo., Jean Jacquet and Lucien Girardier. “Poststarvaton hyperphagia and body fat overshooting in humans: a role for feedback signals fron lean and fat tissues.” American Journal of Clinical Nutrition (1997) 65, 717-23. 

[2] Klaas R. Westerterp. “Diet induced thermogenesis”. Nutrition & Metabolism (2004), 1:-5. 

[3] David J. Baer., Sarah K. Gebauer and Janet A. Novotny. “Measured energy value of pistachios in the human diet”. British Journal of Nutrition (2012) 107, 120-125. 

[4] CJ Traoret., P Lokko., ACRF Cruz., CG Oliveira., NMB Costa., J Bressan., RCG Alfenas and RD Mattes. “Peanut digestion and energy balance.” International Journal of Obesity (2008) 32, 322-328.

[5] André Dubois., Howard A. Gross., Michael H. Ebert and Donald O. Castell. “Altered gastric emptying and secretion in primary anorexia nervosa”. Gastroenterology (1979) 77, 319-323. 

[6] J Hebebrand., TD Muller., K Holtkamp and B Herpertz-Dahlmann. “The role of leptin in anorexia nervosa: clinical implications.” Molecular Psychiatry (2007) 12, 23-35. 

[7] Theodore Kelesidis., Iosif Kelesidis., Sharon Chou and Christos S. Mantzoros. “Narrative Review: The role of leptin in human physiologi: emerging clinical applications”. Annals of Internal Medicine (2010) 152(2), 93-100. 

 

 

5 comentarios sobre “EXTREME HUNGER

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s