TCA

¿ULTRAPROCESADOS EN LA RECUPERACIÓN DE UN TCA?

¡Buenos días, panal! ¿Os habéis fijado en el solazo que hay estos días? Por favor, hay que aprovecharlo, ¡el sol es genial! A veces siento como que mi energía es solar.

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Hoy tenía pensado publicar un post sobre el cortisol y cómo reducirlo (a nuestro favor, claro, que tampoco queremos morir), pero recolectando papers me he dado cuenta de que hay mucha información y me va a llevar más tiempo del que pensaba. También me estoy preparando el carnet de conducir y, pues bueno, mucho tiempo tampoco tengo.

Me he dado cuenta de que a muchas personas que se están recuperando de un TCA, del estilo de la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, les obligan a comer comida ultraprocesada. Con esto me refiero a desayunar galletas, comer pizza y ese tipo de alimentos.  ¿Hasta qué punto esto está bien? ¿Ayuda o acaba perjudicando? Os voy a dar mi opinión al respecto.

NO TODAS LAS PERSONAS SOMOS IGUALES

Cada persona que ha pasado por un TCA es completamente diferente y, como es lógico, no todo el mundo necesita el mismo tratamiento ni la misma recuperación. Puede que a alguna persona sí que le venga bien incluir ese tipo de alimentos, pero puede también que a otra persona le perjudique y sea contraproducente.

¿Cómo se puede saber esto? Con el tipo de trastorno y sus características. No es necesario poner etiquetas, no nos sirve de nada, simplemente tenemos que conocer las características de nuestro trastorno.

Puede que estemos pensando que estamos pasando por una anorexia nerviosa, pero en realidad hay bastante detrás y ya no solo tenemos un miedo morboso a coger peso sino que tenemos también miedo a la comida basura (ortorexia), miedo a dejar de hacer ejercicio (vigorexia) u otros miedos que se incluyen en otros trastornos.

Lo que sí que tenemos en común es el MIEDO. Y para llevar una buena recuperación hay que afrontar el miedo. Ya sabéis que yo lo llamo demonio de mierda. No al miedo en sí, si no a la voz que te recuerda tus miedos. Ese es el demonio de mierda, y hay que plantarle cara.

PLANTARLE CARA AL MIEDO

Lo principal para poder plantarle cara al miedo es saber cuál es el miedo. Os voy a hablar de mi caso porque es lo que yo he vivido y nadie me conoce mejor que yo misma.

Yo tenía miedo de subir de peso, sí, pero también le tenía miedo a la comida en general, sobre todo a los alimentos ultraprocesados y a los alimentos ricos en hidratos de carbono (legumbres, tubérculos, frutas, verduras…). En mi dieta era imposible meterlos.

También le cogí miedo a salir de mi zona de confort, de mi rutina, de mi dieta… Temía todo lo que no pudiese controlar, como los ingredientes de alguna receta, ya sea hecha por mi familia o de un restaurante.

Entonces los objetivos de mi recuperación se centraron en superar todos estos miedos que os he mencionado (y alguno más que se me habrá olvidado). El objetivo principal fue SEGUIR UNA DIETA VARIADA.

Con variada me refiero a incluir de todo, y cuando digo de todo, es de todo. Tanto comida real como comida ultraprocesada. Podía comerme kéfir (comida real) con galletas (comida ultraprocesada).

Le tenía miedo a los ultraprocesados y, entonces, me enfrenté a ellos. Yo era de las que pensaban en “todo o nada”, es decir, o reservo un día solo para ultraprocesados o no puedo ni olerlos, ¡y eso no es así! ¡no debe ser así! Decidí que podía existir un equilibrio, que en una dieta variada y equilibrada sí que podía existir comida ultrprocesada.

Yo no soy de las personas que disfrutan yendo a ponerse hasta arriba de pizza o hamburguesa cuando salen a comer fuera. Yo soy como mi madre, que come bien todo el día, pero si le apetece una galleta María después de comer, con el café, pues se la come. Y si le apetece todos los días, pues ole.

A mi me han enseñado a comer así, desde siempre. Por eso siempre como comida real, recetas de siempre, lo que sería una buena dieta mediterránea. No hago ningún esfuerzo comiendo legumbres o cremas de verduras, ¡me encantan! De verdad que sí. Pero también tengo mis días en los que me apetece comer algo diferente o “no real” y lo hago, sin ningún tipo de remordimiento.

Este es mi caso. Soy consciente de que hay personas que esto no lo pueden hacer porque están, de alguna manera, adictas a la comida ultraprocesada. Ahí sí que vería lógico retirarla, aunque sea por un tiempo, y reeducar a la persona a comer bien. Suficiente, pero bien, con comida de verdad, de la que nutre, de la de siempre.

También pienso que esto debería hacerse con la mayoría de la población y no solo con una persona que se está recuperando de un TCA. Creo que lo que menos importa cuando te estás recuperando de un TCA es lo que comes, si no cómo estás. Al final somos energía (¡CICO, sí! En honor a Gus), queramos o no. Y, aunque juegue un papel importante el tipo de comida, creo que en esos momentos es lo de menos. Esta es mi opinión, eh, no me matéis. 

¿CÓMO SABEMOS SI SOMOS ADICTAS A LA COMIDA?

Cuando te estás recuperando de un TCA no lo sabes, simplemente no lo sabes. La mayoría te responderán que sí, que sí lo eres porque no puedes parar de comer. Eso no es cierto. Eso se llama fisiología, superviviencia, extreme hunger.

Así que si os estáis recuperando de un TCA no os pongáis a preguntaros estupideces como “¿soy adicta a la comida?” y comed, joder, comed.

Después, cuando estéis recuperadas, tanto psicológicamente como físicamente y vuestro cuerpo ya no esté en deuda energéticamente hablando, podéis modificar vuestra alimentación y hacerla más o menos real.

En mi caso, por ejemplo, he optado por hacerla más “real” porque pienso que sí que somos más que energía y que el tipo de alimento juega un papel fundamental. Me siento muy bien mentalmente y me siento nutrida, es una sensación increible. Además que, siempre me ha gustado comer sano y ahora mismo disfruto de los alimentos como nadie, porque he pasado mucho tiempo restringiéndome.

Ahora mismo cuando voy al Faborit a comer (se ha convertido en mi sitio preferido para comer/cenar en relación calidad/precio, gracias Lidia por abrirme los ojos a este maravilloso mundo), no me puedo creer que me esté comiendo una ensalada de pasta con un licuado natural. Os lo juro que no me lo puedo ni creer. Eso para mi antes era impensable, como un “cheat meal”, y ahora disfruto como una enana y no me siento nada mal por comer.

Esto no quiere decir que no incluya comida ultraprocesada. Por supuesto lo sigo haciendo, y también harinas refinadas (¡matadme nutricionistas de turno!). Esto me ha ayudado mucho a ser capaz de comerme una galleta (por ejemplo) y ya está. He cambiado mi mentalidad de “todo o nada” y no sabéis que bien me siento.

Repito que, este es mi caso y mi opinión. A lo mejor a vosotras no os va bien eso después de recuperaros, pero a mi si. Eso solo lo podéis saber vosotras. Cuando os recuperéis, experimentad, aprended de los errores, es lo mejor que podéis hacer No hay blancos ni negros, hay una escala enorme de grises y tenéis que descubrirla. Nadie se va a morir por estar unos meses experimentando y alimentándose de una manera diferente. Tenéis que conoceros y ver qué os funciona. Escuchad a vuestro cuerpo, él es sabio.

¡HASTA OTRO DÍA, PANAL!

Espero que os haya gustado este mini-post. No sé si ha quedado claro lo que quería decir, pero bueno, espero que sí. Solo quería dejar claro que los extremos no son buenos y hay que buscar un equilibrio que nos haga compatibles con la vida.

Nos vemos otro día, esta vez sí con el post del cortisol. ¡Hasta otro día, panal!

 

 

 

 

 

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