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MI OPERACIÓN DE PECHO: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

¡Buenos días, panal! Lo prometido es deuda así que aquí os traigo la tercera parte. Sé que es un poco tarde porque la segunda parte la publiqué a finales de 2018, pero bueno, mejor tarde que nunca, ¿no?

Esta parte es, sin duda, la más divertida, no os aburriréis. Así que si os interesa, ¡seguid leyendo!

Cuando decidí la fecha de la operación llamé para reservar quirófano (llamé a la clínica, no al hospital, que esto no va como los restaurantes) y lo reservé para el 1 de diciembre de 2017, que era viernes. Después me dieron cita para la segunda consulta.

En el post anterior os dije que en esta parte os iba a contar la segunda consulta, pero es que ha pasado tanto tiempo que no me acuerdo qué pasó. Lo siento.

Sí que me acuerdo que a esa consulta fue mi madre y me volvió a probar las prótesis, para ver si estaba 100% segura de que era ese tamaño. No lo dije en la segunda parte (creo), pero me pusieron 235 gramos (o centímetros cúbicos, que queda más cool) en cada pecho. Es una prótesis pequeña, sí, normalmente se ponen más de 300 gramos, pero en mi caso era lo que yo quería y con lo que me veía cómoda.

También miramos los análisis de sangre y el electrocardiograma. Estaba todo normal así que tiramos para adelante. Firmé el consentimiento que se firma que dice que si te mueres pues mala suerte y ya solo quedaba esperar hasta el 1 y rezar para que no me pasara nada.

Más o menos una semana antes me llamó la anestesista para preguntarme datos míos: alergías, peso, edad, hábitos tabáquicos…

EL DÍA DE LA OPERACIÓN

Me operaba súper pronto por la mañana. No me acuerdo de la hora exactamente, pero era la primera cirugía que realizaba el doctor Emilio. Así que madrugué para ducharme con la esponja con jabón que me dieron y, sin desayunar, nos fuimos (mis padres, mi pareja para entonces y yo) para el hospital. El hospital era el Quirónsalud de Pozuelo de Alarcón (ya lo dije en el anterior post pero lo repito aquí porque soy una abejita muy pesadita jeje).

Me dieron un Lexatin para que me tomara por la mañana y así ir tranquila a la operación. Y tan tranquila que fui, que estaba deseando operarme para dormir después. Si sois personas nerviosas (yo tampoco soy muy nerviosa, iba bastante tranquila sin ninguna medicación, pero oye cualquier relajación es bienvenida) os recomiendo tomar algo antes de una operación. Obviamente primero preguntad, no vaya a ser que interfiera con algo y la palméis por mi culpa.

Recién llegamos al hospital me llevaron a una sala donde me tuve que quitar la ropa (menos las bragas, creo) y ponerme un vestido súper bonito verde de muy buena calidad, como de papel (me encantaría poder poner el link pero es muy exclusivo, lo siento panal). Y así, divina de la muerte, me llevaron a quirófano en camilla.

El quirófano era precioso, muy blanquito, grande y frío. Habían muchisimas personas ahí dentro. Obviamente era el personal del hospital, no personas cualquiera de la calle que van a visitar quirófanos (esto que yo sepa no se puede, pero podrían hacerlo porque estaría chachi). Este personal se presentó. No me acuerdo de los nombres, lo siento, pero sé que eran muy agradables y me hicieron sentir muy tranquila.

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Tras esto llego el momento más esperado: la anestesia. Me pusieron una vía mientras me preguntaban cosas sobre mí. No llegué a contar mucho porque enseguida me quedé anestesiada.

De la operación poco os puedo contar porque estaba dormida (y mejor así, no queríamos que fuera esto como en la película Awake). Duró una hora y mucho, casi dos horas. Esta operación es más larga que un simple aumento normal porque es una reconstrucción.

Cuando me desperté no sabía dónde estaba. Me habían llevado a la sala de recuperación y yo no tenía ni idea de la existencia de esa sala. Ahí te llevan cuando te sacan del quirófano. Sí que recuerdo que estaba al lado de una niña y que me estaba meando muchísimo, pero muchísimo. No os podéis imaginar cuánto me meaba, casi me meo encima.

Vinieron a preguntarme qué tal y como estaba consciente y bien, me subieron para la habitación (digo subir porque queda muy bien, que lo mismo mi habitación estaba abajo, sabéis, pero bueno).

Ay, no os he hablado de la habitación, ¡la maravillosa habitación! Para que os hagáis una idea, me dieron la suite. Sí, resulta que en los hospitales privados hay diferentes tipos de habitaciones, como en los hoteles. El caso es que la habitación era gigantesca. Tenía dos baños, un salón, dos habitaciones… Increíble.

Solo os diré que a la mujer/novia/lo que sea de Cristiano Ronaldo la ingresaron en la misma suite cuando dio a luz. Aquí os dejo la noticia.  No es por fardar, de hecho me hubiese dado igual que me ingresaran en una normal, pero me hace gracia porque me sentí como una princesa. Realmente no sé si en el presupuesto de la operación incluyeron esta habitación o no, pero estaba bien bonita.

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De la página del hospital

Cuando llegue a la habitación lo primero que hice fue mear. Tenía que mear en la cuña porque no me podía levantar (como es lógico después de salir de una operación). Supongo que lo que mee fue la anestesia. Dicen por ahí las malas lenguas que la anestesia a algunas personas les sienta fatal y la eliminan vomitando. Bueno, mi caso no fue, yo la mee y tan tranquila que me quedé.

No me acuerdo cuándo me dieron de comer, ni qué, ni nada. No nos acordamos ni mis padres ni yo. Mi madre dice que no me dieron nada hasta la merienda y fue un yogur, yo recuerdo un sándwich, mi padre sólo se acuerda de la cena… (claro, porque le tocó ir a buscarla).

De cena quería pedir Goiko Grill y así fue. Mi expareja y yo cenamos eso. Más tarde me arrepentiría de eso, pero ya os lo contaré más adelante.

LA NOCHE DE LA OPERACIÓN

La noche la pasé un poco mal porque me molestaba un poco. Tenía presión en el pecho (por el vendaje que tenía puesto y por las prótesis) y cada dos por tres estaba pidiendo calmantes. Creo que turnaban el Enanthyum con un opiáceo. También me daban el antibiótico por la vía.

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A ver, tampoco me dolía tanto, pero yo soy un poco exagerada. Además me dolía mucho la espalda de estar acostada pero no en horizontal (tenía unas almohadas en la espalda). Lo bueno es que cada vez que me despertaba por el dolor y no me podían dar nada, mi (ex)pareja me daba un masajito en los pies para que me durmiera.

AL DÍA SIGUIENTE

A la mañana siguiente, que era el sábado dos de diciembre, me trajeron el desayuno. No me acuerdo de qué me trajeron, pero tampoco estaba mal. Sería pan con mermelada y mantequilla y un zumo, o algo así.

Casi no había terminado de desayunar cuando entró el doctor Emilio por la puerta con una enfermera. Yo ya sabía a qué venían y estaba cagada de miedo. ME IBA A QUITAR LOS DRENAJES.

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Ya lo mencioné en la anterior parte, pero lo vuelvo a repetir. A mi me pusieron drenajes, que sirven para drenar la sangre “sucia”. No a todo el mundo se lo ponen, cada cirujano hace lo que considera. No sé si es mejor ponerlos o no ponerlos, pero bueno, a mi me los pusieron. Yo antes de operarme leí muchas (MUCHÍSIMAS) experiencias, y en todas decían que cuando les quitaron los drenajes vieron las estrellas.

Me quitaron los drenajes con tanta rapidez que ni me enteré. Además mientras me los quitaba me hablaba y me preguntaba qué tal. Qué buena estrategia doctor Emilio.

Para quien no me conozca, yo soy muy aprensiva y me mareo con todo. Cuando me hice los otros dos agujeros de la oreja me desmayé, no os digo más. Entonces, aunque no me hubiese dolido lo de los drenajes, sí que estaba un pelín mareadilla y el doctor Emilio me dijo que me levantara. Bueno, no me lo dijo, la conversación fue tal que así.

– Doctor Emilio: ¿te quieres levantar?

– Yo: pues no, la verdad

– Doctor Emilio: no no, era una pregunta retórica, te vas a levantar

Sé que os lo estoy pintando como un ogro, pero era un cielo, de verdad. Yo le agradezco que fuera así porque mi recuperación fue genial. Estaba limitada de movimiento, como es obvio, pero no de capacidad, y eso se lo debo a él. También a mi (ex)pareja porque me obligaba a moverme y a hacer cosas, así como dijo el doctor Emilio. De hecho esa mañana mismo me lavé los dientes solita, jeje. 

Más tarde entró una chica que me dio un masaje. Con la operación me incluían diez sesiones de masaje de drenaje linfático. Esto me fue genial.

Después de esto recogimos todo el campamento que teníamos montado en la habitación y nos fuimos para casa. Lo peor del viaje de vuelta fueron los baches.

LOS DÍAS POSTERIORES

Ese fin de semana lo pasé en casita tranquilamente. Me tenía que tomar un Enanthyum si me dolía, pero al día o a los dos días lo dejé de tomar porque casi no me dolía. También me estaba tomando el protector de estómago y el antibiótico.

Casi no me dolía el pecho como tal, solo me dolía la espalda de estar tumbada casi todo el día. Esos días los aproveché para descansar, aunque tenía que hacer cosas de la universidad y eso, pero bueno.

Lo peor de la recuperación no fue el dolor, como os comento pude hacer una vida casi normal desde el primer día, sino que FUE EL MALDITO ESTREÑIMIENTO. Sabéis que algunas medicaciones tienen el estreñimiento como efecto secundario, y a mi me tocó una medicación de esas. Me dolía tanto la tripa… Por eso os dije antes que me arrepentiría de cenar Goiko. Tenía los teques y la hamburguesa en el intestino desde el viernes. Qué horror, panal, no os lo podéis imaginar.

SIGUIENTES REVISIONES

Fui a la siguiente revisión el lunes 4 de diciembre. Ahí me quitaron las vendas y me hicieron la primera cura. También me dieron el maravilloso sujetador ortopédico, que os muestro aquí.

En esta foto también se me ve hinchada por el edema, lo que es algo normal después de una operación de este tipo, así que no os preocupéis.

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En esa primera revisión, además, me explicaron cómo hacerme las curas en casa y todo eso. Ah, y me dieron permiso para ducharme (menos mal). Esta foto fue después de mi primera ducha, en la cual me maree muchísimo porque me vi las cicatrices y me dio mucha impresión. Se me ve el pecho como si me hubieran pegado una paliza. Lo tuve morado hasta 20 días después, pero vamos, me dijeron que era totalmente normal.

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Por lo demás, el post-operatorio fue genial. Fui a revisiones periódicas y a masajes de drenaje linfático. La última revisión de enero fue el 11 y ya no me vio hasta dos meses después.

En esos momentos ya no tenía las tiras de papel (no son de papel, pero para que me entendáis) que podéis ver en la foto. Sí que me ponía aceite de rosa mosqueta, que me vino genial, y unas tiras de silicona para cicatrices (CARÍSIMAS, por cierto).

Dos meses después estaba todo genial y me dijo que volviera en 3 meses. En 3 meses volví (ya era junio, para que os situeis, que entre tanto mes me he perdido hasta yo) y más de lo mismo, iba todo genial.

Después de esa cita en junio, no lo volví a ver hasta diciembre del 2018. Tras esta revisión, las siguientes serían cada año. Aunque bueno, la del 2019 todavía no la hice, tengo que pedir cita.

A DÍA DE HOY

A día de hoy estoy contenta con el resultado porque es muy natural (dentro de lo que cabe). Es el tamaño perfecto para mi y me gustan mucho.

Las cicatrices al principio eran rojitas, pero a partir del sexto mes ya empezaron a ponerse blanquitas, y así las tengo a día de hoy. No se notan mucho y estoy segura de que nadie las notaría. Yo sí sé que están ahí, y por eso quizás las percibo más.

Lo único malo es que no tengo la misma sensibilidad de antes en la areola, confio en que la recuperaré tarde o temprano. Pienso que no la he recuperado todavía porque he estado en una situación de malnutrición desde que me operé. Ya veremos qué pasa.

Dolor no tengo de ningun tipo. Puedo dormir de todas las maneras posibles y puedo hacer las mismas cosas que una persona que no está operada del pecho.

Sujetador no utilizo porque, como siempre digo, mi sujetador es el pectoral (mis protesis son submusculares).

Y poco más os puedo contar, si tenéis alguna duda siempre me la podéis preguntar aquí en los comentarios o en instagram (@imsoobright)

¡HASTA OTRO DÍA, PANAL!

Espero que os haya gustado esta tercera y última parte.

En otro post hablaré sobre mi opinión respecto a la cirugía estética. Os hago un spoiler: a día de hoy no me realizaría esa operación ni ninguna otra. Sí, estoy contenta con el resultado, pero creo que el problema de mi complejo estaba en mi cabeza y no en mis tetas.

¡Hasta otro día, panal!

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “MI OPERACIÓN DE PECHO: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

  1. Hola Victoria! Soy Elena, te cuento te he encontrado buscando información acerca del cirujano que te operó, hace ya un par de años que me lleva rondando la idea de operarme, ya que yo también tengo mamás tuberosas. Es cierto que estoy intentando aceptarme como soy pero a veces me resulta difícil, me cuesta muchísimo y me da vergüenza ponerme cierta ropa que conlleve no llevar sujetador o que alguien me las vea… me gustaría conocer tu opinión ya que he visto que no te volverías a someter a esa operación y sobre todo como te aceptarías en esa situación.

    También si me pudieras decir más o menos precio de la operación para hacerme a una idea ya que soy estudiante para ahorrar.

    Muchas gracias!

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