UN RATITO CON LAURA

SOY LAURA Y ESTA ES MI HISTORIA

Me llamo Laura, mi segundo nombre es Camila, aunque no lo suelo decir. Nací en Colombia el 17 de diciembre de 1998, y llegué a Madrid con 1 año. Actualmente tengo 21 años y he vuelto a “nacer”, y  estoy preparada para contar mi historia.

¿CÓMO EMPEZÓ TODO?

Antes de 6º primaria (10-11 años), fue una etapa muy bonita, era una niña alegre y divertida, me encantaba bailar, tenía dos sobrinas que eran mi vida y estaba con ellas la mayoría del tiempo. En cuanto a mi aspecto físico siempre me acuerdo que me decían “estás fuertota”, “eres una niña regordeta“, pero a mi esos comentarios no me afectaban, comía de todo, y era muy feliz.

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Todo comenzó a principios de 2010. Aparecieron problemas familiares, mi hermana se fue a Colombia ya con 3 sobrinos míos a vivir, en el último año colegio empezaban a compararme y a decirme que era la más gordita de clase… Todo lo que me estaba pasando fue un gran golpe para mí. Además de eso, ese verano iba a pasar a 1º de la ESO y me daba mucho miedo porque no sabía a quién iba encontrar y qué pensarían de mí.

Poco a poco me fui deprimiendo, me sentía sola (ya no tenía a mis sobrinas), empecé a bajar de peso y con ello empezaron muchas obsesiones en mi pequeña cabecita: comía mucho menos de lo que antes comía, y tenía muchos rituales (no voy a entrar en esto).

A mediados de 2010 viajamos mi madre y yo a Colombia. Me acuerdo que en ese viaje me perdí! Todo el mundo de allí me decía “qué delgada estas, ¿te pasa algo?” Y yo siempre decía es que he estirado y estoy creciendo, además tengo un constitución delgada. Pero ese viaje fue muy muy distinto a los anteriores que había hecho y se notaba mucho. Cuando volví fui a primero de la eso fue otro choque duro para mí.

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MI EXPERIENCIA EN HOSPITALES

En noviembre de 2010, mis padres estaban muy preocupados y me llevaron a Hospital de Fuenlabrada (yo siempre me negaba). Llegué allí y sin pensarlo le dijeron a mis padres que me tenía que quedar allí. Estaba muy desnutrida y tenía un infrapeso muy grave. En ese hospital estuve muy controlada, y me diagnosticaron con AN restrictiva, en ese momento el mundo de mi familia y mío se derrumbó ¡No podía ser verdad!

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A la semana del ingreso en el hospital anterior, me llevaron al Hospital Niño Jesús, yo era muy pequeña y no entendía nada, pero aun así yo quería salir de ese sitio y quería estar bien. Fui muy colaboradora, abordable, o eso me decían.

Estuve un mes ingresada (cuando ya había subido de peso) y como hacía todo “bien” no me dieron hospital de día, pero sí que tenía que ir a revisiones cada semana con el Dr. Ángel Villaseñor. Luego las revisiones se alargaron en el tiempo. (¿La experiencia en ese sitio? Una de las más duras que he vivido y no se me olvidara). Realmente estuve en revisión durante mas o menos 5 o 6 años. Ya había llegado a un IMC saludable y mi peso se mantenía estable, tenía una dieta variada y, aunque me permitía más cosas seguía teniendo algunas obsesiones, la verdad. En ese sitio nunca pude ser comunicativa porque tenía miedo y nunca llegaron a saber realmente lo que me pasaba. Eso sí, les doy gracias porque me salvaron la vida y gracias a eso puedo ser más madura y contarlo.

Nunca me llegaron a dar el ALTA como tal porque no volví para que me la dieran. Me cansé y sentía que, aunque estaba mucho mejor, ya no me servía y no lo sentía así.

EL LADO OSCURO DE LA VIDA “SALUDABLE”

En el año 2016 (cuando empecé con la universidad), encontré el estilo de vida saludable, real food y fitness. Todo comenzó muy bien: empecé a comer alimentos que no me permitía y todo parecía ir mucho mejor durante algunos meses, me metí al gimnasio y me daba más hambre y comía mucho más. Quería aumentar mi masa muscular y quería tener musculo porque era lo indicado, lo que estaba de moda. Me gustaba un cuerpo así y modificar mi cuerpo porque no me gustaba.

En vez de aumentar, empecé a bajar de peso y me preocupé (bueno mi hermana y mi madre también), así que contraté un fitness influencer (porque llevaba a una chica que a mí me encantaba) y, por desgracia, empecé de lleno con la obsesión y me volví a perder. Me mandó un menú con macronutrientes y el entrenamiento. Tenía que pesar todo, cosa que nunca había hecho, y era menos de lo que estaba comiendo. Como ya mi cabeza no estaba fuerte, empecé a dudar si lo que comía yo era mucho, o estaba mal y efectivamente me metí en un pozo muy oscuro.

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Mi madre se enfadaba porque decía que lo que estaba comiendo era muy poco, y yo le decía pero ¡es lo que pone en el menú! No le dejaba ya hacerme comida ni comer lo que cocinaba ella, y si lo hacía lo comía con mucho miedo (no tenía el control). Sabía que no podía seguir así, así que lo dejé pero ya no sabía cómo salir, ya que pensaba que era lo indicado y comiendo así iba a lograr el cuerpo perfecto y deseado (a lo que llega una mente malita).

En cuanto a mi vida social en ese momento empezó a reducirse: ya no hacía planes inesperados, me ponía nerviosa si me proponían alguno, no salía a tomar nada con mis amigas por miedo a lo que iba a beber y a tomar de tapa…

Dejé el gimnasio, ya que había bajado mucho de peso y no me gustaba. Busqué nutricionistas que me ayudaran a aumentar de peso. Lo que yo no sabía es que me había metido en un pozo muy oscuro donde me daba ya realmente miedo subir de peso, comer diferentes alimentos y no sabía qué me pasaba.

EN BUSCA DE AYUDA “PROFESIONAL”

Durante 2018 y mediados del 2019, seguí en la carrera. Aprobaba casi todas, pero anímicamente estaba muy mal, tenía muy poca energía, vivía obsesionada con qué voy a comer ahora, qué voy a comer luego y mañana y al otro día…

Me metí mucho en Instagram y busqué mucha ayuda. Durante estos años pasé por muchos profesionales (y cuando digo muchos es muchos), los cuales cada uno me decía una cosa y mi cabeza iba explotar de tanta información. Ya no sabía qué de lo que me decían era verdad y qué no. De mi familia la única que lo sabía era mi hermana que fue un gran apoyo, pero el resto de mi familia se pensaba que no estaba haciendo nada para recuperarme y, en verdad, no lo estaba haciendo a pesar de tantos intentos porque algo de mí no confiaba.

En verano de 2019 estaba desesperada, me sentía tan perdida, sola, sentía que en vez de vivir estaba sobreviviendo. Llegué a un infrapeso bastante grande, pero claro estaba alerta a todo y no me dejaba ayudar. Sentía que yo tenía la verdad absoluta. Esta “no confianza” llevaba conmigo desde más tiempo del que yo pensaba… Y era a causa de lo que viví en el Hospital Niño Jesús. Sentía que me estaba volviendo loca, e incluso llegué a pensar algo que pensaba que nunca haría: ir sola a urgencias y decir “¡Por favor ayudadme, no puedo más!

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

En ese momento un día apareció un rayito de luz. A partir de la cuenta de Mamen Bueno encontré el gran libro de Tabitha traducido al español por Miriam Sánchez. Sin pensarlo compré el libro. Era mi única esperanza y algo en mi decía “este es el camino”. Cuando llegó el libro lo leí y empecé a darme cuenta de que todo, absolutamente todo, lo que me había pasado tenía un porqué. Sentía que alguien me estaba entendiendo y que lo decía todo tal y como era aunque sonara duro. En ese momento que lo leí, me impactó mucho y estuve todo el verano diciendo “¿y si a mí no me funciona ese método?” Era totalmente contrario a lo que me habían dicho durante años, pero algo en mi me decía “sí, Laura, por aquí es”.  También Miriam Sánchez fue mi coach durante un tiempo y estuvo siempre atenta a mi.

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Buscando en Instagram encontré una cuenta de recuperación totalmente distinta a lo que estaba acostumbrada a ver (la cuenta de Victoria @IMSOOBRIGHT). La hablé y ella con mucha amabilidad me contestó y se ofreció a quedar conmigo. El 9 de septiembre de 2019 nos conocimos. Ella había leído el libro de Tabitha y me parecía una persona tan valiente y que había avanzado tanto. Estaba en lo cierto, era una persona maravillosa. Se ofreció acompañarme y no me juzgó. Yo tenía mucha inseguridad en ese momento, pero es normal porque con un cuerpo y mente desnutridos no sabes quién eres realmente.

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También empecé terapia con mi actual psicóloga Mamen. Yo ya no confiaba en ningún “profesional “. Había pasado por tantos que estaba muy cansada, pero para mi sorpresa era totalmente distinta y se adecuaba a mi totalmente (y no a lo que dice un folio sobre TCAs). Ella desde el primer momento me dijo lo que me pasaba y que primero teníamos que trabajar lo de fuera para poder mirar hacia al interior porque realmente estando tan desnutrida no sabía yo ni quién era (no me lo dijo así, me lo dijo muy adecuadamente para ese momento, algo que me habían dicho Miriam y Victoria y que decía durante todo el libro Tabitha).

Además de ello, tomé una de las decisiones más difíciles para mí: dejar la carrera y tomarme un año sabático. ¿Por qué fue tan difícil? Porque no es lo “correcto”. Qué iba a pensar la gente de mí, si soy la Laura perfecta que estudia y la única de la familia que se está sacando una carrera. Eso sería terrible ya que decepcionaría a mucha gente… En ese momento me di cuenta que me estaba importando más el que dirá de la gente (y sobre todo de la gente que más quiero) que de lo que en realidad quería y necesitaba yo.

Fue la decisión más acertada. Necesitaba descansar y mucho, tanto física como mentalmente, no ponerme más estrés del que ya sabía que iba a tener a la hora de empezar la recuperación, ya que aunque parece una tontería era un trabajo 24/7 y requería de bastante energía.

Algo de mi poco a poco iba cambiando, empezaba a dar pequeños pasos, pero aún no daba el paso totalmente, y digamos que todo se estaba alineando a mi favor (no estaba haciendo lo mismo que estaba haciendo durante los últimos dos años). Me alegraba que estaba abriendo la mente, aunque seguía teniendo muchísimo miedo, duda, incertidumbre… por no saber qué iba a pasar, miedo a que mi cuerpo cambiara, miedo a mí misma, miedo a lo que pensara la gente si cambiaba, miedo a empezar a comer “mucho” y no parar… He pasado por todo tipo de miedos, así que si estás ahora mismo pasando por esto, te quiero decir que es normal y te entiendo totalmente. No estás sola.

Con Victoria empecé a quedar poco a poco y nos dimos cuenta de todas las cosas en común que teníamos y, aunque estábamos en diferente etapas, tanto ella como yo necesitábamos que alguien compartiera cosas que siempre habíamos querido hacer pero no nos atrevíamos. Además hablábamos de todo, y teníamos conversaciones muy profundas que me hacían reflexionar. ¡POR FIN tenia a alguien que me entendía! Si estás leyendo esto, gracias por aparecer en mi vida y llenarme otra vez de luz.

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EL PASO DEFINITIVO

En Noviembre de 2019 di el paso que tanto miedo me daba. Me di cuenta que lo que yo tenía era hambre mental y no física por ahora. Quiere decir que veía algo que me gustaba y lo quería pero no me atrevía, y no le hacía caso.

Me fui con mi hermana “Yobis” de tiendas (gracias hermanita eres genial), y compré ropa nueva: leggins, camisetas anchas, pantalos sueltos… Sabía que quería recuperarme y para ello lo principal era subir de peso (siento decirlo así, pero es así), así que estaba empezando a cambiar mi armario para que yo no notara mucho mi subida de peso. No quería que eso me frenara: no os voy a decir que fue fácil porque no lo fue, tenía tantísimo miedo a lo que pasara…

Ese día además le dije a mi hermana que tenía hambre. Si yo, la que nunca decía cuando tenía hambre… Nos fuimos al vips y me pedí lo realmente quería probar desde hace años: una tortita del vips con chocolate y un café con leche. Me acuerdo que ese dia estaba nerviosa y mucho, pero gracias a estar con mi hermana y hablar con ella me calmé y lo hice. ¡Gracias, hermanita!

Ese día siempre lo recordaré. El día que Laura realmente atendía a lo que quería y aún con miedo lo comió y ¡no pasó nada!. A partir de ese momento fue un antes y un después: empecé a decir cuándo tenía hambre, me empezó a dar mucha hambre, y empezaba a honrar mi hambre. Me acuerdo que fui a comprar una caja de galletas Cuétara, y una vez comí una, no podía parar. Estaban tan ricas, hacía tanto que no las probaba, y múltiples cosas. Yo tenía mucho miedo, pero estaba confiando en lo que me dijeron Victoria y Miriam, y además siempre recordaba la gran fase de mi psicóloga Mamen que me salvó “Primero permitir para luego regular”.

No os voy a decir que no tenía miedo, sería mentiros, sentía que me estaba dando los llamados “atracones”, aquellos que tanto temía. En realidad me estaban salvando la vida. No eran atracones, era hambre y mucha, acumulada (hambre extrema). Siempre me acordaré que se lo contaba a Victoria y a Miriam, y me decían lo mismo mil y una veces para que entrara en mi cabecita. Así que por favor, si estás pasando por esa etapa apóyate en alguien.

También empecé a dejar de seguir a cuentas que me hacían compararme, cuentas que ni en ese momento ni ahora me aportarían nada bueno (fitness, real food, influencers…). Y empecé a seguir a cuentas de salud en todas las tallas. Y lo que más me ayudó fue la experiencia de VICTORIA tal y como le pasó.

El 17 de diciembre pasé el mejor cumpleaños después de muchísimo tiempo. Fue totalmente distinto y me sentía en paz. Además estaba subiendo de peso, se notaba que tenía más energía y tuve el valor de explicarle a mi madre lo que me estaba pasando y poco a poco por todo lo que había pasado. Le dije por favor ayúdame cuando veas que tengo hambre, dime “si tienes hambre, come” (gran frase de mami Victoria). Mi madre estaba muy contenta porque se lo estuviera contando, ya que yo siempre había sido una chica callada y no contaba nada por miedo a que me juzgaran. Además ella notaba los cambios que estaba dando, eran bastante notables.

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Realmente no ha sido un camino lineal y me enfadaba conmigo misma porque no fuera así, era muy exigente. Hasta que me di cuenta que las caídas se estaban volviendo mucho más pequeñas y, aun con miedo lo estaba haciendo: estaba comiendo y descansando como un bebé, algo que mi cuerpo necesitaba. Además estaba subiendo de peso, y mi cabeza pensaba de otra manera totalmente distinta a la Laura de casi apenas unos meses. Era totalmente liberador. Me sentía extraña, pero muy bien. Era una sensación que no recordaba, estaba volviendo a ser yo.

A principios de febrero me vino una gran y alegre sorpresa: me había llegado la regla, ¡viva! Después de no haberla tenido durante dos años. Lloré mucho, pero también sabía que aunque me hubiera venido no era un indicador fiable de que estaba ya en mi peso. Así que no me fié y seguí con lo que estaba haciendo: honrando mi hambre. Y eso ya es de por vida.

MOMENTOS DIFÍCILES

A finales de ese mes tenía cita con la endocrina, y ojalá no hubiera ido nunca. Aunque me ayudó mucho para volverme más fuerte, y para demostrarle a la gente que sí se puede salir. En esa cita me pesó y yo no sabía mi peso desde hace varios meses. Sí sabía mi peso más bajo, pero no lo que pesaba en ese momento, ya que no me importaba y sabía que no era bueno para mi saberlo (subiré mas adelante lo que me paso ahí).

Me acuerdo que después de esa cita estuve como una semana triste, muy triste. Había sido un choque de realidad y en verdad ella no tenía ni idea por lo que había pasado y me estaba juzgando. Durante una semana me desahogué, y mucho, pero ese parón otra vez me hizo coger fuerzas y avanzar aún más: darme cuenta de todo lo que había avanzado en muy pocos meses, todo lo que había ganado, mi cambio tanto físico como mental y no iba a dejar que alguien que no me conoce echara a la basura todo lo que había ganado. Vi el informe que había escrito y ¡sorpresa!, estaba mi peso en ese momento, en grande, y fue otro gran choque. En ese momento pensaba: “¿cómo he subido tan rápido de peso y “tanto”? No puede ser, pero madre mía…”.

En ese  momento tenía mucho apoyo ya, y no permití que eso me dejara volver a caer. Así esa rabia la convertí en fuerza. 

ESTADO ACTUAL

Ahora doy gracias a mi cuerpo por salvarme, por hacer el proceso más rápido y darme señales. Eres tan sabio…  y me has devuelto cosas maravillosas a la vida. Lo siento por haberte tratado mal, y no haberme dado cuenta de lo que haces por mí, pero nunca es tarde para empezar. Te valoro tanto querido cuerpo.

He vivido en 2 o 3 meses lo que no he vivido en años, y parece que ha sido como años por lo que he estado pasando durante ese corto tiempo. No ha sido fácil, he luchado contra mi cabeza, y he hecho lo contrario a lo que me decía. Aun con mil miedos le he demostrado que yo tengo más poder que ella. Ha sido un trabajo muy difícil, pero he logrado aquello que ya había perdido la esperanza de lograr: volverme a encontrar a mí misma poco a poco.

Este año la amistad con Victoria se volvió mucho más grande. Yo ya tenía más energía y eso se notaba. Podía ser totalmente sincera con ella y siempre me decía las palabras adecuadas. Me enseñó lo que es una verdadera amistad, y me mostró la vida, que era bonita, aunque con días “malos”, pero aun así era especial.

La verdad que tener un apoyo como ella hizo mucho más fácil el proceso, alguien que había pasado por ello y que ahora la ves disfrutar tanto. Con ella todo era más fácil y lográbamos salir juntas de nuestra zona de confort. Era y es maravillosa nuestra amistad. Y también será, de eso estoy segura.

Actualmente sigo aprendiendo, y sigo en terapia, pero de lo que estoy segura es que he vuelto a nacer, he vuelto a ser Laura y una versión mejor de mí misma. No soy perfecta y tampoco quiero serlo. La perfección y el control me han quitado muchas cosas y muchos momentos. He vuelto a disfrutar, a vivir, a reírme realmente y no porque es lo que tengo que hacer, a volver a tener humor y muchas cosas más.

Como digo todavía estoy aprendiendo y no estoy recuperada totalmente, pero sí os digo que estoy segura de que se puede, que ahora soy más consciente de lo que me pasa y de mi mente, y si algo tengo que ir modificando, lo modificaré, para vivir totalmente libre.

Me ha costado mucho aceptar mi nuevo cuerpo, pero lo estoy logrando. También sigo teniendo mis días de bajones, pero me duran poco y me permito estar triste. Sigo teniendo mis miedos, pero no es para nada, ni de asomo, como antes. Estoy segura que poco a poco aparecerán menos y en algún momento, desaparecerán.

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Os quiero decir que merece la pena, que yo he estado ahí y jamás hubiera pensado que podía llegar hasta este punto, me daba por un caso perdido. Hazlo por ti y por nadie más, tú no elegiste estar así, pero tú si eliges recuperarte. Y, aunque te de mucho miedo, hazlo, porque poco a poco se ira. O no se irá, pero estará y tú le podrás hacer frente y en algún momento ni lo recordarás. Quiero decirte que eres capaz y que nadie te diga lo contrario, y algo muy importante, que dejes a tu cuerpo ser como quiera ser él y no lo que indica un IMC o la sociedad. ERES MUCHO MÁS QUE UNA TALLA.

He intentado resumir mi historia de diez años, pero ni de lejos he puesto todo, todavía me queda mucho que contar y quiero deciros que si tenéis alguna duda o alguna pregunta me la hagáis saber. Podéis hablarme por mi instagram, que os dejo el enlace aquí (@procesoquierete_).

Espero haberme expresa lo mejor posible y decirte que no estás sola y merece muchísimo la pena recuperarte aunque quizás aun no lo veas. Desahógate y ábrete al mundo, no eres rara. Quita todo aquello que te hace mal y rodéate de gente que sume.

ERES MARAVILLOSA

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