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MI HISTORIA CON EL ABUSO ESCOLAR

Buenas tardes, panal. ¿Qué tal estáis? Llevo tiempo sin aparecer por aquí y ya no voy a poner ninguna excusa. Lo prometo. Simplemente no me ha dado la gana escribir (qué borde ha sonado eso, ¿no?) porque he estado desconectando el cuerpo y la mente.

Tengo pensadas muchas ideas de posts así que os recomiendo que me sigais por instagram (@laabejitacuriosa) porque ahí os pediré vuestra opinión sobre futuros posts.

Ah y no puedo no mencionar la maravillosa tienda de merchandaising (por así decirlo) que hemos montado entre Laura (@procesoquierete_), Miriam (@miriamsanchez.tcacoach), Lara y yo. La web es esta. Hay camisetas, tazas, pegatinas, fundas para iPhone… El precio es el más bajo que hemos podido poner. Espero que si compráis algo os guste.

He vuelto aquí para contar una cosa que me tiene rondando la cabeza desde hace un par de días. No hay nada más terapéutico que escribir así que, aquí estoy. Os voy a contar mi historia con el abuso escolar.

También tengo que confesar que estoy aquí en el Starbucks bien inspirada mientras escribo esto. No hay nada como un frappé de café, música y ambiente de cafetería para escribir un post. Lo véis todo muy bonito y cuqui pero en realidad estoy escuchando reggaeton (baby dale suave cuando baje, que yo quiero verte ese tatuajeee).

¿HE SUFRIDO ABUSO ESCOLAR?

Sí, lo confieso, soy culpable. Dejando ya las bromas, sí, he sufrido abuso escolar. Por mi historial de mala relación con la comida y complejos físicos os pensaréis que ha sido un abuso escolar por mi físico. Pues no, os equivocáis. A mi nunca me han llamado “gorda” ni insultos relacionados con mi tamaño corporal. Para explicaros de qué iba lo mío, os pondré en contexto.

Empecé el instituto con un cuerpo no normativo, no lo vamos a negar. Yo siempre he sido una niña rellenita. Pero por diversos motivos (primera regla, dietas, ejercicio…*) adelgacé en el segundo año de instituto. Yo pasé de un cuerpo de niña a un cuerpo de mujer. Ya tenía mis curvitas marcadas y oye, me gustaba lo que estaba logrando. No tenía un cuerpo perfecto ni mucho menos, pero me gustaba mi cuerpo.

*Ahí ya empecé a coquetear con las dietas, pero eso lo dejaré para otro post.

Hago un inciso para decir que no importa cómo sea tu cuerpo. Da igual su forma, su talla, su peso. Da igual. Te tiene que gustar igual. O por lo menos debes aceptarlo. Te tienes que sentir feliz con el cuerpo que tienes sin necesidad de modificarlo de alguna manera.

Como me “gustaba” tanto mi cuerpo y necesitaba la aprobación de todo el mundo (los chicos básicamente) para gustarme por mi baja autoestima, decidí hacerme unas fotos eróticas (por llamarlo de alguna manera porque vaya cutrez de fotos) y subirlas a Tuent y Twitter.

No puedo recuperar esas fotos pero básicamente se me veia el culo estando tumbada. Eso es lo que se me veía. No estaba desnuda ni mucho menos. Simplemente se me veía un poquito el culo.

¿QUÉ PASÓ?

Os podéis imaginar lo que pasó, ¿verdad? Todas las personas de mi instituto se quedaron anonadados con semejantes fotos y empezaron a ir a por mi. Y no en el buen sentido. Ahí es cuando empezó la peor historia de terror que he vivido y la que marcó mi futuro.

No podía caminar tranquila por los pasillos del instituto sin que me miraran mal o me gritaran desde lejos que era una guarra. Pasé a ser la guarra, puta, zorra, del instituto. Incluso amigos míos me dejaron de lado por eso. No querían juntarse con alguien con tan mala fama en el instituto.

En redes sociales también hicieron de las suyas. Me hacían cuentas en Twitter y Ask.fm para insultarme. Además de dejarme comentarios horribles.

Al exponer mi cuerpo de cierta manera, las personas también se veían con el derecho de opinar sobre mi físico. No, no me llamaban “gorda” porque objetivamente no lo estaba, pero sí que me decían que era fea, que no me cambiaba de leggins (iba siempre el leggins, era mi zona de confort), que “no estaba tan buena”, que no me lavaba el pelo… Muchas barbaridades que solo a las mentes crueles se les ocurre.

Por supuesto que yo aparenté que no me afectaba. Yo siempre he tenido mucho carácter y siempre he ocultado muy bien lo que siento, pero en el fondo sabía que me estaba afectando más de lo normal.

De hecho yo me defendía. Yo no iba a consentir que me dijeran eso. Yo era fiel a mis principios. Volviendo atrás yo no subiría unas fotos así a redes sociales siendo menor, pero no me parecía bien que me trataran mal por unas fotos así. Nadie se merece que le traten así haga lo que haga. Me quisieron pegar unas cuantas veces por defenderme, pero ahí que estaba yo, fingiendo que no me afectaba y haciéndome la fuerte porque no me podían considerar débil. Pero no era para nada así, ¡claro que me afectaba!

Aunque de eso fui más consciente tiempo después, cuando me di cuenta de que no había vivido cosas que un adolescente sí que había vivido. Yo no había tenido un grupo de amigos, yo no había hecho planes con mis amigos, yo no había ido a las fiestas como iba todo el mundo, yo no disfrutaba en el instituto como hacían otras personas… No había tenido una adolescencia normal.

TODOS ESOS COMENTARIOS ME MARCARON

Y ya no es que no disfrutara de una adolescencia normal, es que todos esos comentarios me marcaron. No soy psicóloga ni pedagoga ni entiendo de estas cosas, pero no hace falta un grado y un máster para saber que eso va a condicionar gran parte de tu futuro.

Me condicionó de una manera positiva al valorar más la calidad de las amistades que la cantidad. Nunca he tenido un grupo grande de amigos, pero sí que he tenido amistdes muy buenas, aunque fueran dos o tres. Pero también me condicionó de manera negativa por todos esos comentarios respecto a mi físico. Me hicieron encerrarme mucho en mi y cambiar mi cuerpo para demostrarle no se qué a no se quién.

De cierta manera mi cerebro asoció mi imagen física al éxito. Pensaba que cuanto mejor me veía yo, mejor me iban a aceptar. Si yo mejoraba mi cuerpo, ya no habría comentarios malos hacia él.

Todo esto junto con más cosas derivaron en mi TCA y ahí es donde toqué fondo. Toqué fondo, pero luego sali flotando, literalmente. Floté y nadé hasta llegar a una orilla preciosa con una hamaca donde tumbarse, un chiringuito donde comer y, por supuesto, unas maravillosas vistas al mar.

MI INTENCIÓN CON ESTE POST

Mi intención con este post, además de contar mi historia, es concienciaros del daño que puede hacer el bullying. Si lo veis, si lo vivís, si lo habéis vivido, es hora de contarlo. En esto no te puedes quedar callado porque afecta, afecta mucho, más de lo que te puedes imaginar.

Hay casos en los que se llega al suicidio y conciencian a la población porque es muy trágico que una chica o chico joven se suicide por algo así, pero hay otros casos en los que no se llega al suicidio pero se queda en una vida llena de sufrimiento. Sea cual sea el desenlace, es importante cambiar el resto.

Y no hace falta que sea bullying directamente. Obviamente el bullying influirá más al ser más grave y persistente en el tiempo, pero un simple comentario puede hacer mucho daño.

Por último decir que si habéis hecho alguna vez algo así. Ya sea acoso escolar o un comentario dañino y perjudicial que ha afectado a la otra persona, pedir perdón. Puede que una disculpa no solucione nada, pero tampoco empeora las cosas. Si tenéis oportunidad, disculparos.

Por si os interesa saber a mi nadie me pidió perdón. Todos hicieron borrón y cuenta nueva como si nada hubiese pasado. No espero ninguna clase de disculpas. Y si por algún motivo, alguna de esas personas que participaron en todo eso, está leyendo esto, espero que se de cuenta de todo el daño que hizo y pudo llegar a hacer. Y ojalá haya cambiado.

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